Las prioridades de cada cual

Doris Lessing
Doris Lessing

En esta mañana meona en el Foro, por lluviosa, releía la introducción a El cuaderno dorado, de la novelista Doris Lessing. Hay una parte en la que Lessing habla de los sistemas educativos que moldean a nuestros hijos que me ha interesado de manera especial: «Desde el principio, se entrena al niño a pensar así: siempre en términos de comparación, de éxito y de fracaso. Es un sistema de desbroce: el débil se desanima y cae. Un sistema destinado a producir unos pocos vencedores siempre compitiendo entre sí. Según mi parecer (…), el talento que tiene cada niño, prescindiendo de su coeficiente intelectual, puede permanecer con él toda su vida, para enriquecerle a él y a cualquier otro, si esos talentos no fueran considerados mercancías con valor en un juego de apuestas al éxito». Son palabras escritas en 1971, pero siguen teniendo vigencia, porque cuando uno tiene hijos, como es mi caso, se plantea el papel que juega la escuela en su formación, y muchas cosas no han cambiado. Pero no es solo la escuela la que tiene culpa en esta concepción de la educación: en esta sociedad ultracompetitiva son muchos los padres que ven a su hijo también como un caballo de carreras, como un prototipo de bólido en el que verse ellos realizados y ver realizado lo que no pudieron hacer, destinados solo a competir y a ganar, lo que en ocasiones acaba produciendo en las pobres criaturas unas tensiones terroríficas. Yo, para mi hija, quiero que siga creciendo libre, autónoma y feliz, y que aprenda a ser independiente y a valerse por sí misma desarrollando su inteligencia (y más siendo niña, teniendo en cuenta que, por el hecho de ser mujer, quizá tenga que afrontar situaciones de discriminación que no afecten a un niño); que llegue tan lejos como pueda y quiera, sin pisotear a nadie por el camino. Cuando pasen unos pocos años, le pasaré El cuaderno dorado a Estrella  para que le eche un ojo (aunque creo que, más bien, será ella quien lo coja del estante).

De todos, menos de Franco

Velas
Velas

MI hija Estrella, impulsora de este cuaderno, es una fuente permanente de inspiración para mí. Sus reflexiones, sus ocurrencias, las maneras en las que va descubriendo el mundo desde esa atalaya despierta que es su cerebro de siete años, me motivan y me animan a seguir mirando alrededor. Estrella me contó que participó el miércoles, día previo al Todos los Santos de antes (ahora llamado Halloween), en una especie de rito laico en el cole público al que asiste, consistente en encender una vela en su clase por todos los que nos han precedido, por los seres que se fueron. Estrella no sabe mucho de la historia de España, pero algo sabe ya. Entre quienes nos precedieron en la piel de toro ha habido mucho maleante en forma de militarote reaccionario, rey atolondrado y cura cerril: estos tipos han campado por sus anchas en los siglos precedentes. En la base ha habido también mucha gente noble, abnegada y trabajadora, como su abuela Feli. Así que Estrella me contó que, cuando encendieron la vela, ella se acordó de su abuela y de otras personas que se fueron. «Nos acordamos de todos los muertos, papi, menos de Franco», me confesó muy seria mi niña, que a su edad se define como feminista y de izquierdas. Estrella dice que prefiere Halloween a la Navidad porque la segunda fiesta la ve muy «de cursis», salvo los episodios que protagonizan Papá Noel y los Reyes Magos, claro, que tonta no es.

No están a su altura

Public school
Public school

Mi niña se despertará hoy con más sueño que de costumbre, porque tendrá que ver amanecer antes después del largo verano. Regresa a las aulas llena de ilusiones y ansia de aprender y de encontrarse de nuevo con sus amigos y sus amigas. Vuelve a clase con toda la fuerza que encierra su cuerpecillo, pero no tendrá todo el apoyo de la administración a su altura, ni a la altura y el respeto que se merecen ella y sus compañer@s. El Gobierno del PP ha decretado que haya menos becas, menos profesores, menos respaldo oficial a la enseñanza pública, algo que debería avergonzar a nuestros gobernantes, que no velan por la igualdad, porque no les interesa, mientras siguen inyectando dinero a los colegios privados. El déficit y la grave situación del país es la excusa y la coartada perfecta que han hallado los conservadores para meter la tijera a la enseñanza pública, en la que no ven un negocio. Mientras tanto, mi hija y sus amigos seguirán creciendo y se convertirán en los mejores baluartes de lo público y, quién sabe, quizá alguno o alguna llegue a ser gobernante algún día, y vele (si es que en ese momento sigue existiendo el Estado del Bienestar tal como lo hemos conocido) porque la escuela pública esté a la altura que se merecen estos pequeños cuerpecillos llenos de energía, de ilusión y de ansia por aprender.