Aroma republicano

Elefante republicano
Republicanos USA

Vienen aromas de los republicanos estadounidenses de la frugal y austera convención que la derecha española celebra en Sevilla. Se oyen cánticos en pro del desmantelamiento del Estado (¿y están también insinuando «del Estado del Bienestar»?) inspirados en la derecha norteamericana. Hablan de la inviabilidad y del despilfarro del Estado autonómico, pero sus presidentes regonales dicen que ellos no despilfarran, que los que despilfarran son los otros, con Zapatero a la cabeza. Ya sabemos todos también que los problemas financieros del Ayuntamiento conservador de Madrid, el más endeudado de España, se deben a que Zapatero se empeñó en soterrar la M-30. Acusan al PSOE de estar abrazado a la «cultura de la muerte» por su defensa del derecho de la mujer a interrumpir libremente su embarazo; es un eslogan que se ha repetido con mucho éxito en portadas de la prensa más reaccionaria y ultraderechista del país. Se presentan como alternativa de futuro y de recuperación: cuando el ciclo económico repunte, si gobernasen, no dudarían en atribuirse la bonanza universal, después de que un Gobierno socialista haya tenido que acometer las reformas necesarias para combatir la crisis que generaron, en gran medida, los aromas republicanos neocon. Cosas que pasan.

El delantero

Fútbol
Fútbol

«Un delantero jugaba por la izquierda. Tenía cintura, fuertes piernas, buena cabeza y facilidad para colocar la pelota. Recibía el aplauso del público, era feliz, y no se obnubilaba por el éxito. Había jugado ligas victoriosas, pero también sabía del sabor de la hiel; le costó mucho llegar aquí. Con el paso del tiempo, el partido se le ha ido complicando: no es fácil jugar en primera división. Ha habido gritos desde las gradas (desde los palcos sobre todo), árbitros impasibles y directivos de la competición que le han forzado a jugar por la derecha si quería que su equipo siguiera en la liga, nada más y nada menos. El delantero se resistió mucho tiempo, pero al final tuvo que ceder; amenazaron incluso con declararle fuera de juego si no lo hacía. Así que el delantero ha tenido que escorarse algo en su práctica, acometer sacrificios y someterse a lo que no le gusta, pero con la convicción y la confianza de que lo hace por el futuro, de que es un esfuerzo necesario para, una vez enderezado el juego, volver a su banda izquierda natural. Está muy triste y cariacontecido; se le nota la pesadumbre. Muchos de sus seguidores se han quedado sin aliento, preocupados por el delantero, en quien siguen confiando; conocen de su sacrificio y de lo doloroso de esta situación, y contemplan cómo, desde el gallinero, parece que en estos días grises el sol sale con más fuerza por la derecha del horizonte para ocultarse con celeridad por la izquierda con el declinar de las menguantes jornadas. Muchos comprenden y comparten el valiente esfuerzo del delantero por darle la vuelta a esta realidad, por difícil que ahora parezca, de que se haya hecho rápidamente tan de noche y de que en este terreno de juego haga tanto frío. ¡Ánimo!»

La parte oscura

Garzón
Garzón

Que un magistrado como Baltasar Garzón, distinguido por su lucha por los valores democráticos, acabe sentado en el banquillo e incluso apartado de su trabajo es algo que repugna a cualquier demócrata. Juzgado por una presunta falta en las formas, obviando el fondo del asunto: su intento de investigar la desaparición de más de cien mil compatriotas víctimas de la represión de la dictadura de Franco, muchos de los cuales siguen tirados en fosas anónimas junto a las cunetas. ¿Cómo es posible que los herederos del franquismo (Falange entre ellos), que son los promotores de estas acusaciones contra Garzón -jaleadas en una coincidencia nada casual por la derecha política y mediática-, tengan todavía semejante poder en esta España del siglo XXI? Parece extraerse una lección: que nadie ose remover el pasado siniestro de este país, saber la verdad sobre lo que ocurrió, porque los fantasmas del pasado pueden acabar de nuevo golpeándonos en la cabeza. Qué estupor. Qué triste y qué penoso sabernos de nuevo amenazados por la parte oscura de este país.