Hipocresía y lucro indecente

Periódico
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Numerosos periódicos considerados serios de nuestro país, cabeceras de referencia incluso, no incluyen anuncios de -por ejemplo- traficantes de armas. Y, en cambio, no tienen problema a la hora de publicar páginas y páginas de anuncios de un tráfico que genera un lucro no menos indecente: la prostitución. Pocos medios hay que se hayan negado a hacer negocio con semejante negocio (Público, La Razón, Avui…), mientras que el resto no le hacen ascos a un dinero procedente de la explotación más asquerosa de la mujer. ¿Harán caso del acuerdo unánime que todas las fuerzas políticas alcanzaron este pasado martes en el Congreso para eliminar esta publicidad? Está por ver (falta, además, que el Gobierno concrete una propuesta definitiva, previo informe del Consejo de Estado). Eso sí, estos mismos medios, tan serios ellos, son los mismos que luego publican larguísimos reportajes de denuncia de redes de prostitución, que conviven, unas pocas páginas más adelante, con los anuncios mencionados. A esto se le llama hipocresía. Y cambiando de tema, pero sin salir de las procelosas aguas informativas: son también muchos los medios que publican estos días amplios reportajes sobre la precariedad laboral y la dura situación del mercado de trabajo en estos tiempos de crisis, con editoriales en grandes letras mayúsculas, pero que luego tienen a su trabajadores y trabajadoras sometidos a unas condiciones laborales propias de una plantación algodonera de Alabama en el siglo XIX. A esto también se le llama hipocresía.

Stop a los abusos sexuales

Rosa Montero
Rosa Montero

Llamaba la atención la periodista Rosa Montero, en el dominical del diario El País de ayer, sobre una lacra y un abyecto tabú que todavía no ha salido lo suficiente a la superficie de nuestra sociedad: el de las agresiones sexuales cometidas por parientes cercanos, con frecuencia padres, contra menores de su entorno. En este magnífico artículo, Montero denuncia que el incesto -que sigue existiendo quizá en la casa del vecino de usted mism@ que lee estas líneas- «forma parte de los terribles secretos de alcoba, de ese mundo abisal que ocultan las familias y que a menudo jamás sale a la luz». Lo estremecedor y preocupante de esta abyección es que diversas organizaciones internacionales calculan que «el 90% de los casos de incesto no se hacen públicos». Es más: casi un 25% de mujeres y un 15% de hombres españoles confesaron en una investigación de 2008 que habían sufrido abusos sexuales en la infancia (en el 39% de los casos el agresor era el padre). Y lo pavoroso no acaba aquí: lo atroz llega cuando las víctimas intentan conseguir justicia y apoyo en la sociedad, y esa misma justicia y la propia sociedad les vuelve las espaldas y encima parecen culparles. Así le ocurrió a la francesa Isabelle Aubry -creadora de la Asociación Internacional de Víctimas del Incesto-, que acaba de publicar La primera vez tenía seis años, «testimonio personal, en ocasiones difícilmente soportable, sobre el infierno vivido por una niña que fue sobada por su padre desde los seis años, violada sistemáticamente a partir de los 12» y que cuando denunció su caso se encontró con que la justicia consideró que no se había resistido al monstruo que decía ser su progenitor, y que por tanto no había habido violación. Rosa Montero termina su artículo con una recomendación clara: «Si lees esto y sabes de qué hablo, recuerda: no eres culpable, no estás solo, denuncia». No caigamos en la negación de esta realidad, en la ocultación de estos abusos, por asqueroso, sucio y repugnante que sea este asunto, y menos aún en culpabilizar a las víctimas y a muchas madres que están luchando por sus hij@s tras haber hallado que su marido era una mala bestia, y que a menudo sólo encuentran incomprensión y rechazo, empezando por en muchos casos en su propio círculo familiar. ¡¡Basta!!

¡Oh, es Él!

Terrorífico ánsar
Terrorífico ánsar

«Amada doctora. Aquí Cleofás Cista, para servir a Dios y a usted. Vengo a que me ponga un chute pa rebajar mi alegría, no vaya a ser que me reviente el corazón en el pecho de gozo. Leí ayer en El País (que no es precisamente mi diario de cabecera, como ya se puede imaginar; yo sólo compro prensa plural y objetiva) que el más mejor presidente que ha tenido España, JM Aznar, ¡¡¡estrena página web!!! para los cientos de miles de españoles de bien, con el corazón también y tan bien colocado a la derecha, que le seguimos añorando. Perdone que chille, pero ¡vuelve josemari, echa al tipo este que dejaste de heredero,  que no vale pa ná! Ardo en deseos de acabar la consulta, una vez que usté me ponga la inyección, para navegar por el océano aznariano. Me dijo mi vecina la tecnológica que la página tiene hasta vídeos: nada mejor para repasar sus visitas al rancho de Crawford, sus reuniones en las Azores, sus verdades sobre el 11-M, o sus más recientes peinetas. Y fotos: ahí espero encontrar las de la boda imperial en El Escorial, o la de algún amigo gürteliano, o la de -¡ay!- la de su tableta de chocolate. De momento jmaznar asoma su adorada jeta entre las procelosas aguas de la red, pero le queremos en persona, que vuelva ya y nos saque de las tinieblas. ¡Te echamos tanto de menos! ¿Usted no, doctora? ¿Por qué me mira así? ¿Qué va a hacer con esa aguja?»