Cuando voto

Papeletas 20-N
Papeletas 20-N

Cuando voto siempre pienso en las generaciones de españoles y españolas que se vieron privadas de este derecho. En los millones de españoles que durante cuarenta años de cerrojo franquista no pudieron expresarse en libertad para elegir a su gobierno. En los millones de represaliados y exiliados por el régimen. En los millones de personas que no tan lejos de esta piel de toro, a pocos cientos de kilómetros, no lo pueden todavía ejercer en libertad. Pienso en que la fuerza de los votos ha permitido impulsar proyectos colectivos en un país tan poco amigo de lo colectivo como es España: establecer la educación pública y gratuita, crear pensiones dignas para los trabajadores, becar a millones de estudiantes para que pudieran acceder a la educación en igualdad de condiciones, dotarnos de uno de los mejores sistemas de sanidad pública del mundo, desarrollar nuestras infraestructuras, ampliar ayudas para proteger a los desamparados, afianzar nuestra joven democracia. Cuando voté esta mañana en el comedor del colegio público al que asiste mi hija pensé en ella, en las conversaciones que una niña tan espabilada e inteligente (herencia de su madre y sus abuelas, sin duda) mantendrá en esta estancia, entre bocado y bocado, con sus amigos y amigas del cole, nacidos dentro y fuera de este país, las futuras generaciones de españoles y españolas. Cuando voté esta mañana no pude evitar emocionarme pensando en mi madre que se fue hace un año, y voté con más fuerza y orgullo que nunca, por ella, socialista de corazón, y por mí, por las siglas en las que he creído desde que era adolescente, sintiendo que su mano se posaba sobre la mía, por las siglas del Partido Socialista.

Inside Vote

Inside Job
Inside Job

En estos tiempos de crisis mundial hay una descripción de lo que ha ocurrido que también es una máxima que se ha venido aplicando en estos años: los beneficios se privatizan, las pérdidas se socializan. La industria financiera se volvió loca en Estados Unidos, al calor de la absoluta desregulación del sistema según parámetros neoconservadores gestados en la administración Reagan, y dejó de prestar servicios al resto de la economía para convertirse en un fin en sí misma y para enriquecerse a toda costa, repartiendo millonarios dividendos entre sus miembros. Fueron los tiempos en los que a unos pocos se les ocurrieron alambicadas y complejísimas formas de hacer negocio con las hipotecas y los ahorros de la mayoría, hasta que la burbuja reventó con desastrosas consecuencias sociales para Norteamérica y para el resto del mundo, España incluida (en nuestro país, con el agravante de la burbuja ladrillera). De todo esto se habla en el conocido documental Inside Job (Charles Ferguson, 2010), que en esta jornada de reflexión merece un pase en la tele de cada cual y podría pasar a llamarse Inside Vote. Porque el modelo económico que reventó en 2008 en Estados Unidos no surgió por generación espontánea: se produjo al amparo de políticas neoconservadoras que en nuestro país, mañana llamado a las urnas, tienen seguidores con nombre y apellidos. El pato de la crisis en España no lo pueden pagar ni el Estado del Bienestar, ni los servicios públicos, ni las gentes que menos tienen. Para que las pérdidas no se socialicen, porque no todos los partidos ven igual quién ha de pagar el pato y cuáles son las recetas para remediar la situación.

Tibias y peronés

CFK
CFK

Al hilo de la victoria, arrolladora, de Cristina Fernández de Kirchner en la Argentina comenzamos a hablar en la cena mi mujer y yo de la historia de la gran nación austral y de fenómenos como el peronismo y otros ismos de América Latina. Mi hija Estrella (6) zanjó la conversación: “Peronismo, ¿es de tibia y peroné, o no?”, preguntó intentando aproximar el confuso mundo de la política al no menos complejo universo de los huesos del cuerpo humano, ahora que en el cole está aprendiendo lo segundo. No supe qué contestarle, porque es verdad que entre ambos ecosistemas puede haber más relaciones de lo que parece a bote pronto. Veamos el cuerpo humano español, ese organigrama mutante tan complicado. En el organismo español, digo, próximo a su gran revisión médica cuatrienal el próximo 20 de noviembre, hay un candidato, Mariano R, cercano a la tibia -que diría mi hija- por su tibieza. Él no quiere hacer nada en esta campaña, quiere ir piano, piano (lo viene haciendo desde siempre). Solo sueña con que un prolongado bostezo entre volutas de humo de puro lleve en volandas sus tibias y tibiezas a las más altas magistraturas monclovitas. Pero sin hacer ruido ni causar alboroto en esta campaña, no vaya a ser que el electorado de izquierdas se movilice y le dé un susto. En suma, que mi niña tiene más razón de lo que parece y, ¡ay!, esperemos que al final no venga el llanto y el crujir de dientes (y de huesos) a manos del Advenimiento Marianil.