Cefaleas espectaculares

Castillos en el aire
Castillos en el aire

«Se presenta Cleofás Cista, doctor; para servir a Dios y a usted. Necesito algún tratamiento. Vengo revirado, con la cabeza a vueltas, a punto de reventar por las costuras (y me disgustaría mucho mancharle este mobiliario tan fino con mis feos sesos). El problema es el siguiente. Durante los últimos años -antes de la crisis, claro- me hinché a pedir créditos, que ya sabe que hace un tiempo se daban con una alegría pasmosa: para un coche que apenas usaba, para un apartamento que visitaba dos veces al año, para cambiar de casa, para irme de vacaciones, para la comunión de los hijos… Un endeudamiento sin fin que me permitió levantar castillos en el aire con gran facilidad. ¿Y sabe qué me ha pasado ahora? Que vivo asfixiado, no puedo más, me falla el riego sanguíneo en el cerebro y encima mi mujer me ha pedido el divorcio, por insoportable. Ya ve, el castillo se me ha caído encima y los cascotes me han machacado el cráneo, generándome esta terrible migraña. Y, ¿de quién es la culpa de todo esto que me ocurre? Del maldito Gobierno, claro. ¿Alguna aspirina, entonces, o mejor me corta usted la cabeza y termina con mi mal? Póngame a los pies de su señora.»

Apagón analógico

Realidad digital
Realidad digital

«Doctor, doctor, estoy obsesionada con las zonas de sombra. Verá. Soy una alta ejecutiva en una empresa de nuevas tecnologías de la información, y estoy harta de estar permanentemente conectada a la realidad en la que vivo sumergida desde que comencé a trabajar en el sector. Odio las llamadas constantes, los mensajes permanentes, los artilugios sonando a todas horas; mi mente está siempre recibiendo señales. Necesito descansar. Por eso busco zonas de sombra, donde las ondas no lleguen; he diseñado incluso un GPS propio -¡si se enteraran en mi empresa!- para encontrarlas, y permanecer así desconectada, escuchando sólo el ruido de la calle. Yo, nacida y entregada a la causa digital, con una obsesión neoadolescente por exhibirme en todas las redes sociales virtuales, me estoy replegando hacia lo analógico. Y ahora que estaba en esa fase de vuelta atrás en el tiempo, resulta que se aproxima el apagón analógico y, doctor, creo que mi cuerpo se está difuminando; me temo que me desvaneceré y que sólo permanecerán visibles mis dedos, que al fin y al cabo son una realidad digital. ¿Puede hacer algo, doctor?»