Día de gloria (para algun@s)

San Isidro
San Isidro

15 de mayo. San Isidro. Día de fiesta mayor en Madrid. Jornada de celebración también en otros puntos de España que tienen por patrón al santo labrador. Día de fiesta igualmente para  falangistas, ultraderechistas, derechistas, franquistas, terroristas, gürtelistas y algunos -istas más, entre ellos algunos compañeros/as de carrera judicial que le tenían ganas.  Es noticia en todos los medios que «el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) decidió ayer por unanimidad suspender cautelarmente de sus funciones al juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón, una vez que el Supremo decidiera abrir la fase oral contra el juez en el proceso que se sigue contra él por un presunto delito de prevaricación por su investigación de los crímenes del franquismo. Por la tarde, la comisión permanente del Consejo, reunida con carácter extraordinario, acordó, también por unanimidad, aplazar su decisión sobre el permiso solicitado por Garzón para trabajar como consultor externo de la fiscalía de la Corte Penal Internacional, con sede en La Haya». Enhorabuena a tod@s. Lo han conseguido. Qué alegría para unos pocos, que tristeza para (modestamente, creo) una gran mayoría de ciudadanos que no entienden, no entendemos, nada. Una losa más en esta semana tan dura.

El censor

Tijeras
Tijeras

«Amada doctora, le habla Cleofás Cista, para servir a Dios y a usted. Perdone que no haya podido ir a la consulta y que le escriba este correo eléctrónico, pero me dio un ataque de melancolía pensando en cuando era más joven y trabajaba de censor para el régimen. ¡Ah! Qué placer me producía cortar una película subidita de tono en la que aparecía un beso, no le digo nada si el corte afectaba a un seno incipiente, o a la curva de un muslo… Pero no era menor el también intenso placer que me generaba cortar de un libro palabras como «democracia», «derechos humanos», «libertad». ¿Y qué hacía con todos esos recortes? Los iba archivando en una caja, y por las noches los mezclaba en fantasías interminables, con un sucio y paradójico sentimiento de culpa. Lástima que la llegada de la democracia arruinara mi trabajo y me condenara a vagar como alma en pena. Estoy ya mayor, pero, dígame la verdad, ¿cómo estoy de salud para emigrar a otro país en donde pudiera retomar mi vieja querencia por las tijeras, China por ejemplo? Si lo de China no me lo recomienda, había pensado como alternativa irme a Valencia: allí seguro que el presidente Camps me podría dar un buen puesto para eliminar de las emisiones públicas palabras como «correas», «bigotes», «trajes». ¡Gran placer!»

Chorizo y choris

Rico chorizo
Rico chorizo

El origen del chorizo se sitúa en el feliz matrimonio entre las tripas rellenas de carne curada de cerdo que se estilaban en esta piel de toro desde tiempos inmemoriales con el sabroso pimentón que llegó de América. Debían de correr los siglos XVI-XVII cuando se produjo aquel encuentro, según narra el estudioso de la gastronomía patria Néstor Luján en su célebre tratado Como piñones mondados. Cuento de cuentos de gastronomía (Barcelona: Círculo de Lectores, 1996). Es curioso, no obstante, que esta palabra que nos hace la boca agua se comenzara a aplicar a aquellos que practican el hurto y la rapiña. Parece ser, dice Luján y avala la Real Academia de la Lengua, que el término chorizo usado en este segundo caso proviene del caló «chori» («ladrón»), que se amplió en una sílaba por semejanza con el nombre del rico embutido, y por desconocimiento a su vez del lenguaje gitano. Choris y chorizos haylos bastante. Los chorizos son muy frecuentes en nuestra gastronomía para su empleo en crudo o guisados. Pululan también otros choris embutidos en caros trajes, y muy indigestos: sólo hay que sumergirse en alguna parte del sumario del caso Gürtel, la mayor red de corrupción de la historia democrática de España, para salir rojo de pimentón y de bochorno por la industria chacinera que sentó sus reales junto a la madrileña calle de Génova.