Somos vampiros

Moda vampírica
Moda vampírica

Los vampiros están de moda. Se ven por doquier en marquesinas de autobús, series de televisión, estrenos cinematográficos y superventas de librerías. Modas aparte, es cierto que, sin que España sea Transilvania, algo de gusto por la sangre ajena tenemos. Desde los cruentos enfrentamientos civiles que desgraciadamente en el pasado han teñido de rojo la piel de toro, hasta la gastronomía (qué haríamos sin las morcillas presentes en tantos fogones regionales, o las antaño tan frecuentes tapas de sangre de los bares), a los ibéricos nos va la hemoglobina. ¿Sabes, Faktuna?: hasta mi hija pequeña, con la que comparto algún colmillo afilado, me lo dice sonriendo: «Papi, somos vampiros».

Amós y Amos

Amós_Acero
Amós Acero

Hay nombres con mucha fuerza cuyo uso se va perdiendo con el paso del tiempo, pero que perduran en la memoria. Ocurre, por ejemplo, con el resonante «Amós», que trae ecos bíblicos. Hubo un Amós que fue alcalde socialista de Vallecas, de cuando Vallecas era un pueblo de Madrid. Como otros republicanos, Amós Acero (1893-1941) tuvo la mala fortuna de que se cruzara en su camino la violencia fascista, que segó su vida. Hay otro Amos (éste sin acento) que se me viene a la memoria, israelí: se apellida Oz. Con ese apellido, como no puede ser de otra manera, es un mago de la creación literaria. Amos Oz, creador de varias novelas, es el autor de un libro maravilloso, Una historia de amor y oscuridad. Esta obra relata la historia de su familia y recoge muchos episodios de la intolerancia que ha perseguido a los judíos durante muchos siglos, pero entremezclados también con pasajes de esperanza: la que no pudo tener, desgraciadamente, su tocayo Acero.