Apellidos: gesto por la igualdad

Apellidos chinos
Apellidos chinos

Cuando nació mi hija Estrella, hace cinco años, mi mujer y yo, ambos feministas y de izquierdas, o de izquierdas y feministas (tanto monta, monta tanto; ¿hay izquierdistas que no sean feministas?, pues qué contradicción, porque el feminismo ha sido, es y será uno de los grandes movimientos emancipadores de la condición humana) adoptamos una decisión. Como decía, ambos, y yo de manera especial, teníamos un deseo: invertir el orden de los apellidos, permitido por una modificación legal, para no repetir el uso y costumbre patriarcal en España de que el apellido paterno fuera en primer lugar. Así lo acordamos en el Registro Civil, con naturalidad, y tan contentos. Yo creo que estos pequeños gestos ayudan a transformar la sociedad y hacen avanzar la igualdad, y como me gusta predicar y dar trigo, así lo hice. Ahora leo el revuelo que se ha montado con este asunto y las voces desaforadas de la caverna, pegando gritos a diestro y siniestro, como acostumbran, porque parece que se tambalea otro de los sacrosantos pilares de la patria. Creo que la paternidad no se demuestra con la prevalencia del apellido paterno, que ya no basta con poner la semillita y el apellido primero, sino queriendo a mi hija con toda mi alma, jugando con ella, alimentando su ansia de saber, enseñándole a crecer libre y feliz, amando a Estrella con toda la dulzura del mundo que me es posible, con la misma dulzura con la que mi madre, su abuela, que tan mal lo está pasando en este tramo final de su vida, me ha amado a mí.

 

Corazón a la izquierda

Tony Judt
Tony Judt

Acaba de caer en el otoño literario una hoja de gran interés y porte: la traducción al español del último libro que pudo completar el historiador británico Tony Judt, aquejado de una grave enfermedad degenerativa que acabó con su vida este pasado verano. La obra fue publicada a principios de 2010 por The Penguin Press en su original inglés (Ill fares the land), y ha llegado a las librerías españolas bajo el título Algo va mal, editada por Taurus después de haber recibido valoraciones de autores como Antonio Muñoz Molina, que describió el libro como «un elogio de la socialdemocracia». Judt, muerto a los 62 años de edad, realiza en este librito un vibrante alegato moral que se convierte en un manifiesto progresista, como bien dice Muñoz Molina, «una vindicación de la legitimidad de lo público y de lo universal como valores de la izquierda en una época en la que sólo lo privado y particular parece respetable o peor aún, eficiente y moderno».  A lo largo de las poco más de doscientas páginas de este libro, Judt recuerda los grandes logros que para el desarrollo humano trajeron las políticas socialdemócratas enfocadas a combatir las desigualdades y asentar un estado del Bienestar, «el consenso socialdemócrata», como él lo llama, y recuerda que gracias a lo público disfrutamos de escuelas, sanidad, pensiones o infraestructuras como derechos ciudadanos.  Este manifiesto de Judt carga contra la derecha que pretende desmantelar espacios públicos, pero lanza también una advertencia a los partidos de izquierda. Es un texto comprometido y una lectura muy recomendable para tod@s aquellos que sientan el corazón a la izquierda.

El delantero

Fútbol
Fútbol

«Un delantero jugaba por la izquierda. Tenía cintura, fuertes piernas, buena cabeza y facilidad para colocar la pelota. Recibía el aplauso del público, era feliz, y no se obnubilaba por el éxito. Había jugado ligas victoriosas, pero también sabía del sabor de la hiel; le costó mucho llegar aquí. Con el paso del tiempo, el partido se le ha ido complicando: no es fácil jugar en primera división. Ha habido gritos desde las gradas (desde los palcos sobre todo), árbitros impasibles y directivos de la competición que le han forzado a jugar por la derecha si quería que su equipo siguiera en la liga, nada más y nada menos. El delantero se resistió mucho tiempo, pero al final tuvo que ceder; amenazaron incluso con declararle fuera de juego si no lo hacía. Así que el delantero ha tenido que escorarse algo en su práctica, acometer sacrificios y someterse a lo que no le gusta, pero con la convicción y la confianza de que lo hace por el futuro, de que es un esfuerzo necesario para, una vez enderezado el juego, volver a su banda izquierda natural. Está muy triste y cariacontecido; se le nota la pesadumbre. Muchos de sus seguidores se han quedado sin aliento, preocupados por el delantero, en quien siguen confiando; conocen de su sacrificio y de lo doloroso de esta situación, y contemplan cómo, desde el gallinero, parece que en estos días grises el sol sale con más fuerza por la derecha del horizonte para ocultarse con celeridad por la izquierda con el declinar de las menguantes jornadas. Muchos comprenden y comparten el valiente esfuerzo del delantero por darle la vuelta a esta realidad, por difícil que ahora parezca, de que se haya hecho rápidamente tan de noche y de que en este terreno de juego haga tanto frío. ¡Ánimo!»