Tajamares

Tajamar
Tajamar

La reforma de la antigua M-30 en Madrid ha dejado algunos de los tajamares del castizo puente de Toledo varados en la arena. Un tajamar es como una proa de barco, la «parte de fábrica que se adiciona a las pilas de los puentes, aguas arriba y aguas abajo, en forma curva o angular, de manera que pueda cortar el agua de la corriente y repartirla con igualdad por ambos lados de aquellas». Estos tajamares se alejan del agua del río Manzanares y se incrustan en la tierra: ya no cortan más agua, sino paseos de cicilistas, encuentros de enamorados, juegos de niños, caminatas de jubilados… Ahora se encuentran con las corrientes de las vidas de quienes pasan por debajo de los arcos de este puente centenario.

Al sur del Manzanares

Kubik Fabrik
Kubik Fabrik

En los barrios obreros madrileños de la ribera sur del Manzanares, al otro lado de la multimillonaria y faraónica remodelación de la M-30 propulsada por Gallardón, el alcalde cuya única ambición es ser presidente del Gobierno sea como sea y al precio que sea, están surgiendo interesantes iniciativas ciudadanas, en muchas ocasiones sin apenas ayudas oficiales. Por encima del decorado oficial del río nacen tramoyas ciudadanas con espíritu colectivo y libertario, para animar el ocio y la cultura en la sociedad red, en la que el germen creador ya no se circunscribe al centro de las ciudades y surge en cualquier periferia. He conocido dos, bien interesantes y recientes. Una está en Carabanchel y se llama Caldero de Cobre: una sala de música, teatro y talleres. La segunda está en el vecino barrio de Usera y lleva el nombre de Kubik Fabrik, una fábrica de creación. Algo se está moviendo con el empeño de muchas gentes que arriesgan dineros y sueños.

Semprún, vacuna antifascista

Jorge Semprún
Jorge Semprún

Pudo ser una pesadilla, o un desvarío producido por un cierto estado febril, pero fue cierto. Ocurrió la otra tarde, junto al nuevo paseo ribereño del Manzanares, en la capital. Un grupo de adolescentes correteba entre unos montones de tierra de una de las dos márgenes del río, la que está todavía sin urbanizar, a la altura de las instalaciones de Matadero Madrid. Se aproximaron a la zona debajo de uno de los puentes que salvan el cauce, y de repente comenzaron a arrojar piedras contra unas tiendas de campaña que allí se encontraban, es de suponer que instaladas por personas sin techo, y afortunadamente vacías en ese momento. Incluso intentaron volcar un tendedero precario que sujetaba unas prendas de vestir junto al improvisado campamento. Tras un momento de incredulidad por el hecho de no dar crédito a lo que veían sus ojos, la gente que se encontraba en la otra margen del río comenzó a increparles, y los gamberros se dieron a la fuga. Antes de huir, uno de ellos se giró, desafiante, vestido con botas militares, hizo el saludo fascista y lanzó un ¡sieg heil!, de manera tan forzada que casi estuvo a punto de perder el equilibrio y estamparse contra el suelo. Increíble, pero cierto. No hay mejor vacuna contra la intolerancia fascista que trayectorias como las del escritor Jorge Semprún, que este mismo fin de semana asistió a la celebración del 65 aniversario de la liberación del campo de concentración nazi de Buchenwald. ¡Nunca más fascismo!