Aquí no triunfamos todos

Ofrenda floral en Canaletas
Ofrenda floral en Canaletas

La raya entre información y espectáculo está en peligro de desaparición, si no extinta ya. Cuesta cada vez más que esa frontera tan delicada se respete, y todo vale si sube la audiencia y los anunciantes engordan las cuentas de las cadenas. Determinados medios convierten la realidad en un circo y luego se quejan amargamente de ese circo al que ellos tanto contribuyen. Hace unas semanas recuerdo haber escuchado a una locutora ensalzar el esfuerzo informativo –sin duda encomiable– que habían hecho en su medio de los atentados de Cataluña sucedidos días antes. Hasta ahí, bien. El asunto se complicó cuando, llevada de tanta loa, ella y otra periodista que estaba informando desde uno de los escenarios de estos sucesos se echaron tantas flores que la primera se vino arriba y zanjó la escalada de almíbar con un escalofriante “bueno, compañera, aquí triunfamos todos”. Pues no: todos, lo que se dice todos, no. No triunfan ni las víctimas, ni sus familiares, ni los heridos, ni todas las personas aterrorizadas por tanto mal. No puede valer todo en los medios, aunque ese sea el modelo cada vez más dominante. No hay que olvidarse del que sufre. Mala cosa si los medios pierden la perspectiva de la sociedad a la que deben servir.

Rescate global

Minero rescatado
Minero rescatado

Nunca el remoto desierto de Atacama, desconocido sin duda para gran parte de la humanidad, estuvo tan próximo. La proeza del rescate de los 33 mineros chilenos atrapados en una mina que no cumplía los mínimos requisitos de seguridad se ha convertido en un espectáculo global, retransmitido al minuto y en directo por centenares de medios de comunicación de todo el orbe, convirtiéndose en un gran show que ha batido marcas de audiencia. El relato reunía componentes de dimensiones épicas para actuar como un imán que despertara el interés de todo el mundo en una sociedad global mediática, como así fue. Esta proeza será llevada al cine, sin duda (una radio acaba de decir que parece ser que le ofrecerán el papel de jefe de los mineros a Javier Bardem). El guión se lo ha escrito la vida, así que no tendrán que invertir mucho en escritores. Y una pregunta de cara al futuro: ¿habrá supuesto esta tragedia con final feliz un punto de inflexión en la percepción de la realidad? ¿Volverán a suscitar sucesos como este, ocurran donde ocurran, el interés de todo el mundo, o no tendrán la misma repercusión global? Quizá sí, siempre y cuando estén aliñados con las piezas con las que se monta un buen relato. Esto puede parecer cínico, pero en la era mediática global somos sobre todo devoradores de historias, algo que se aplica en todos los ámbitos (de la política a la publicidad), como puso de relieve el investigador social francés Christian Salmon en un reciente e interesante libro, Storytelling.

 

Otros tiempos

Extracción

«Recuerdo una anécdota, hace muchos años, cuando el periódico para el que trabajaba me encargó hacer un reportaje sobre un señor que estaba empeñado en fundirse sus magros ahorros en localizar un yacimiento de petróleo en un prado de un pueblo del interior de… de una provincia cualquiera, qué más da. Era la comidilla del pueblo, el alimento de todos los chascarrillos. Allá que me fui con un fotógrafo, y encontramos una zanja de unos cuarenta por sesenta metros, recién excavada, con otros ocho o diez metros de profundidad, en pos de un supuesto oro negro que no aparecía por ningún lado. Al lado descansaba la maquinaria pesada que se estaba empleando en la exploración. No había ni un alma. No dimos tampoco con el aprendiz de jeque árabe, pero tras varias pesquisas con sus vecinos, nos quedó claro que el señor aquel era un pobre hombre que posiblemente estaba mal de la cabeza y que publicar cualquier cosa sobre su ocurrencia supondría exponerle a un ensañamiento público que le haría más daño que otra cosa. Así se lo expliqué a mi redactor jefe, que entendió los argumentos y dio carpetazo al asunto. Eran otros tiempos. Ahora habría sido carne de amarillo magazine televisivo.»