Explicasiones tontas

Quito
Quito

«No le perdono el sufrimiento que me ha causado durante tantos años. Me abandonó hace tanto tiempo, y a mí me daba igual, tranquila me quedé; pero el daño que ha causado a mis hijos, que todos los días cuando eran pequeños preguntaban por él, por su papito, sin saber si seguía vivo o muerto, si continuaría en Madrid o se habría retornado a Quito… eso no tiene perdón de dios. Cuánto sufrimiento acumulado, qué mala bestia. Y de repente aparece así, no más, como un espectro, como si no hubiera pasado nada, de la noche a la mañana. Silbando una de sus tontas canciones y todo, qué tal, qué guapa sigues, qué guapos están. Encima me viene ahora con explicasiones tontas. Se olvidó de sus hijos, y sus hijos se han olvidado de él para siempre; le han pagado con su misma moneda. A tomar por culo.»

Carta a mi madre

8 de marzo
8 de marzo

Le escribo a mi madre en este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer. A ella, nacida en plena Guerra Civil, de extracción humilde, privada de instrucción, obligada a trabajar desde que apenas levantaba un palmo del suelo, desposeída de sus derechos por la sociedad machista y patriarcal consustancial a la dictadura franquista. A ella, con su vida consagrada a criar a sus hijos, yo y mis hermanos, con un amor infinito y un único deseo: «Que seáis felices». La España contemporánea tiene una deuda incalculable con ella y con sus compañeras de generación, que sostuvieron el país sobre sus hombros durante decenios, sin apenas recibir nada a cambio. Mucho se ha avanzado hacia una sociedad más igualitaria entre hombres y mujeres, pese a que aún pervivan desigualdades, y en ese avance ha sido clave el impulso del movimiento feminista, tan vilipendiado por la caverna. Pero quedan trechos por recorrer en ese camino: en inserción e igualdad laborales, en el combate contra el machismo criminal que nos corroe las entrañas… Se va avanzando, y -con todas sus deficiencias- la sociedad en la que vive su nieta, Estrella, mi hija, es radicalmente distinta -por fortuna- a la triste y sombría España que vio y sufrió en su infancia mi madre, Felicitas. Te quiero, mamá.

Dos mil años de mal humor

Auto de Fe_FranciscoRicci_1683_MuseodelPrado
Auto de Fe

Cuánta razón tienen los señores esos de negro (suelen ser señores) que parecen llevar dos mil años de mal humor: el aborto debe ser delito. Y me parece que se quedan cortos: a las mujeres que abortan, garrote vil y a la hoguera. Siempre hay tiempo de volver a esa estampa de la Plaza Mayor de Madrid tan bonita en siglos pretéritos, con sus autos de fe, sus capirotes y sus inquisidores. Aquí lo sagrado lo marcan ellos, faltaría más, que para eso tienen el monopolio de la verdad absoluta y de la única moral digna de tal nombre. Al resto, ni agua (bendita), aunque a estas alturas de la historia (estamos en el siglo XXI y en una sociedad laica, señores de negro) seamos mayoría (modestamente, creo, Faktuna) los que pensamos que las únicas leyes verdaderas son las que se dan los hombres y las mujeres -sin religiones que valgan- y que, sobre el asunto que abría este post, lo único sagrado es el cuerpo de la mujer y su sagrado derecho a decidir acerca de su maternidad, cuándo y cómo quiera, y amparada por las leyes.