Esta farsa no funciona

Montebourg
Montebourg

La crisis deja claro que la farsa en la que vivimos no funciona. Supeditar la política (anularla más bien), como hace la derecha, al dictado de unos mercados insaciables nos lleva, directamente, al suicidio social. ¿Quién vota a los señores y señoras mercados, que son los que imponen el ritmo de nuestras vidas y marcan los recortes tan brutales?¿Para qué sirve nuestro voto en este estado de cosas, si los actuales gobernantes de la derecha no son capaces de plantar cara a las tropelías del mundo financiero? ¿Dónde está el presidente del Gobierno de España? Esta última pregunta sí tiene respuesta: Rajoy se halla recortando y huyendo de preguntas incómodas de los periodistas. Vamos mal, peor. Hace falta reorientarlo todo antes de perecer. Pensar, quizá, en la desglobalización que propone un socialista francés en un interesante librito de lectura recomendada: ¡Votad la desglobabilización!, de Arnaud Montebourg, en el que denuncia que los procesos globalizadores, con la producción exportada a países que no respetan nada y se ríen de todo lo que huela a derechos y libertades civiles, ha traído la ruina a las clases trabajadoras de Occidente y a nuestro propio modelo socieconómico.

PD.- Una de las denuncias de Montebourg: ¿sabían ustedes que ese iPhone tan deseado y tan cool se produce en fábricas chinas en régimen de semiesclavitud? En la factoría en donde se fabrican en Guanlan hubo una oleada de suicidios y a los propietarios de la factoría, para evitarlo, se les ocurrieron dos ideas: poner “barrotes en las ventanas y colchones para evitar las defenestraciones” y hacer firmar un documento a los empleados “diciendo que la empresa no pagaría nada a sus familias en caso de suicidio (…)”. ¿Sobre este modelo putrefacto de producción queremos que se asiente nuestro desarrollo? No lo parece, y Montebourg tiene un buen puñado de respuestas desde una óptica socialdemócrata y europea.

Poveda para primavera

Miguel Poveda
Miguel Poveda

Para comenzar de nuevo la primavera nada mejor que una recomendación musical: la de Miguel Poveda, que saca nuevo disco. El cantaor catalán edita ArteSano, en el que recopila palos diversos del blues de la piel de toro. Cuenta Poveda que se trata de un trabajo con “mucho colorido, artesanal, que pasea por diferentes poblaciones que han sido cantaoras, como Cádiz, Triana, Jerez, Sevilla o Málaga, con un montón de paisajes, sonoridades y emociones distintas”. Y Miguel Poveda se rodea no solo de grandes músicas, sino de grandes músicos: Paco de Lucía, Manolo Sanlúcar, Isidro Muñoz, Diego del Morao, Manuel Parrilla, José Quevedo Bolita y Jesús Guerrero. Todos quienes vibraron con el exitoso Coplas del querer, editado en 2009, están de enhorabuena en esta primavera, y ojo, que el flamenco es adictivo, como asegura este artista, que con su música ha contribuido a atraer a este género a multitud de seguidores: hablamos de una música “hermosa, emocionante, auténtica y mágica”. “Al que entra en el flamenco una vez por un lado importante se queda para siempre”, avisa. Tiene toda la razón: hay que pintar de flamenco la primavera.

Monocultivo en el kiosko

Adiós a Público
Adiós a Público

Terror en el supermercado: solo hay marcas blancas. No encuentro mis yogures favoritos, ni mis salchichas, ni mi pasta… Todo son marcas blancas, sin posibilidad de elegir. Terror en el kiosko: solo va a quedar la prensa neocon, cavernosa, cavernaria, derechista, que no es blanca precisamente, sino turbia y sucia en tantas ocasiones, sin posibilidad de elegir. El cierre del diario Público abona el monocultivo, agosta la pluralidad y priva de voces libres y críticas (o sea, de izquierda) a un sector de la opinión pública. Allana, de paso, el paseo triunfal de la derecha gobernante, a la que los kioskos solo le rinden pleitesía en un elevadísimo tanto por ciento de sus cabeceras. Lástima por Público y un abrazo muy fuerte a tod@s los compañer@s periodistas que lo han mantenido durante estos años. Y lástima por todos los ciudadan@s que se ven privados de un referente informativo. Es un gran día para toda esa caverna mediática que da palmas con las orejas cada vez que cierra una cabecera de la otra orilla, pero que no se equivoquen: la necesidad de que haya medios para las voces progresistas no va a desaparecer porque un periódico llegue al final de su travesía.