Sound people

Afecto
Afecto

Los afectos tienden lazos invisibles entre los seres humanos. Sin su impulso estaríamos desnudos, por más ropa que lleváramos encima. Sentiríamos mucho frío sin una palmada de ánimo, sin un sms de apoyo, sobre todo cuando estás mal… Aunque a veces uno prefiera estar solo, al final da mucho calor saber que hay gente, ahí fuera, que se acuerda, que te quiere, que no estás solo en el mundo, especialmente cuando vienen mal dadas. Y en estos tiempos digitales, cuando una realidad virtual funciona en paralelo a los mundos de siempre, es increíble el calor que se recibe a través de estas nuevas realidades. Afectos para ir llenando las alforjas y recargando las pilas desde que arrancamos nuestro camino en el mundo hasta que damos el último paso. Afecto, que es lo que nos distingue, como humanos, de las bestias. Afecto para vencer la adversidad y espantar el miedo, afecto procedente de la buena gente, de la «sound people», una expresión irlandesa que me acaban de enseñar y que me encanta. Buena gente, gente buena, sound people… a las demás gentes, a las gentes chungas, que las hay, que se queden a solas mascando sus miserias.

Tiempo de membrillo

Membrillos
Membrillos

Aunque sea de ciudad, me gusta comprobar el paso del tiempo por las frutas y los frutos de temporada que van apareciendo en las tiendas. Ellos son las hojas de mi particular calendario. Reparo siempre en los estantes de las fruterías y las verdulerías para ver que, vaya, ha caído otro mes, y otro, y otro… Se nos va la vida al ritmo de las estaciones. Ahora es tiempo de membrillo, de nueces, castañas, de higos secos… Dan mucha energía y aportan grandes cantidades de nutrientes, y me vienen bien en este tiempo de desgaste emocional. Cuando acabe de escribir estas líneas del blog, me voy a poner manos a la obra con una olla de de carne de membrillo; a mi madre le encantaba hacerlo, y como este año no puede y no voy a poder meterle mano a la fuente que solías tener en tu nevera, ¿sabes, mamá?, lo voy a hacer yo, que hace tiempo que no lo hago. Siempre me he sentido bien contigo entre fogones, desde pequeño, viendo cómo hacías las cosas, aprendiendo las recetas que he hecho una y otra vez en la edad adulta, una y otra vez. Lástima no haberme dedicado a la cocina, pero, mira, esta pasión por los fogones será una de las cosas que siempre compartiré contigo. Este perolo de membrillo va a por ti, mamá.

La llama

Llama
Llama

La vida, ese misterioso tránsito entre lo visible y lo invisible, que viene a describir el poeta Antonio Gamoneda en Arden las pérdidas (2003). La distancia que media entre el nacimiento y la muerte; «el olvido que seremos», como se titula el estremecedor libro que el escritor colombiano Héctor Abad Faciolince publicó en 2007 para revivir la figura de su padre, asesinado por paramilitares de su país, tomando el título de un poema atribuido a Borges. La vida de todos, que se va extinguiendo conforme pasan los días; cada día que pasa es un día menos por vivir, aunque la llama de algunos nos siga siempre iluminando el camino. Carpe diem.