¿Qué está pasando?

Combate la violencia
Por la igualdad

Van setenta mujeres muertas en lo que va de año a manos de sus agresores. Setenta vidas, setenta existencias cortadas de raíz. El último caso acaba de producirse en Barcelona. ¿Qué está pasando en nuestro país? El terrorismo doméstico, el machismo criminal, sigue campando por sus respetos, y no seremos una sociedad digna de tal nombre mientras no se acabe con esta repugnante lacra. Todos debemos implicarnos en este combate; todos, sin excepción. Vivimos en un estado ya no de alarma, sino de excepción, mientras haya tantas vidas amenazadas y finalmente sitiadas. Es una vergüenza absoluta. Es un fracaso colectivo impropio de un país desarrollado. Como siempre, el mejor arma es la denuncia, y hay un medio eficaz para hacerlo: el servicio telefónico 016, de información y asesoramiento jurídico en materia de violencia de género, puesto en marcha por el Gobierno de España como parte de su compromiso contra la violencia de género. ¡Actúa, llama!

Silencio, se rumian palabras

Biblioteca de Usera (Madrid)
Biblioteca de Usera

En esta vocinglera patria nuestra do los decibelios moran por sus respetos hay verdaderas competiciones por ver quién da la voz más alta. Está en la calle y en las viviendas, en los bares y en los negocios… Qué vocinglerío. Qué nivel de ruido. Dicen que sólo los japoneses nos superan en querencia por el decibelio. Pero en el espacio que compartimos hay remansos de silencio, de apacible silencio en medio del rutinario frenesí ruidoso español. Son las bibliotecas públicas, templos contemporáneos del saber erigidos con el esfuerzo de tod@s, en los que sólo se escucha el rumiar de las palabras, o de los pensamientos. El primer hombre o la primera mujer que apilaron una colección de libros fue un genio, o una genia. El segundo hombre, o la segunda mujer, que decidieron que esos libros no fueran sólo para su provecho, sino para el beneficio de todos sus congéneres, fue un filántropo. Desde entonces todos aleteamos alrededor de los volúmenes de una biblioteca pública como las polillas que se arremolinan en torno a una luz cegadora. Sin que apenas se escuche un susurro. Y, ojo, que este silencio bibliotecario es una rareza en la piel de toro, en donde ya hasta en los museos se pegan voces.

Alarma, sitio, excepción

¡Alarma!
¡Alarma!

«Doctora, mi mente es un poco anglosajona. No tiene Constitución escrita como tal y se monta unos carajales considerables. El poder legislativo, que creo que reside en mi cerebro (mi hija solía decir «celebro», que no es mala idea) se pelea a veces con el poder ejecutivo (que por pudor no le digo dónde reside) y se enzarzan a hostias entre ellos. Del judicial no sabemos nada, porque siempre lo solía tener bastante arrastrado. Y así sucede que van declarando sobre mi cuerpo, progresivamente, el estado de alarma, el de sitio o el de excepción, sin solución de continuidad y en función de la realidad circundante. Viniendo a su consulta me he sentido atacado por esa maldita realidad y me he puesto yo mismamente en alarma; luego, al verla, tumbado en este diván, se me ha relajado todo el cuerpo y mi corazón late con fuerza. Doctora, ya sabe que con usted bajo la guardia y estaría dispuesto a dejarme asediar, sitiar o lo que hiciera falta, pero no quiero confundir lo personal y lo profesional. Y todo esto, por supuesto, sin controlador, porque en la torre de control que tengo sobre la cabeza están todos y todas locos y locas y como poseídos por una feroz de huelga de celo. Recéteme algo para poner un poco de orden. Qué confusión. El PP se alarma de que el Gobierno declare el estado de alarma, ¡pues menos mal que no me conoce a mí!»