Revuelta doméstica

Nevera
Nevera

Tuve noticias de que se me iba a montar una revolución en el patio de atrás y, como no lo tengo en esta microvivienda, las tensiones se han trasladado a la cocina. La tostadora no para de escupir panes requemados contra el lavavajillas, que a su vez produce grandes cantidades de espuma asfixiante sin depurar que están a punto de cortocircuitar la nevera; ésta, mientras, ha creado en su inmensa perversidad unos hielos afilados que están rayando la vitrocerámica, que está alcanzando unas temperaturas infernales para fundirlo todo, siguiendo el viejo adagio de «de perdidos al río» (o «from lost to the river» parece ser que ha dicho a sus ex colegas de cocina, chapurreando algo de inglés teniendo en cuenta que todos son made in korea). Por lo que me dicen mis informadores apostados entre los tarritos de especias de los estantes superiores -porque yo tengo miedo de mirar dentro del cuarto, no vaya a ser que me salpique la sangre de la escabechina- lleva las de ganar la lavadora, que conoce al detalle los trapos sucios de tod@s. Y ya se sabe que la información es poder.

Fuera velos, fuera telarañas

Entrevista
Entrevista

Es solo la anécdota de la estupenda entrevista de Los Desayunos: el pañuelo que tuvo que aceptar ponerse la periodista (Ana Pastor, TVE) se fue deslizando frente al entrevistador (Mahmud Ahmadineyad, presidente de Irán), hasta dejar al descubierto su melena. La prenda fue cayendo al ritmo de las incisivas preguntas de Pastor y de las respuestas enrocadas -a menudo contestadas con evasivas, con repreguntas de él hacia ella- de la cabeza visible de un régimen reaccionario, confesional y conservador, que lo mismo persigue homosexuales, que niega el holocausto, que reprime con dureza las protestas de los opositores o que considera a las mujeres seres impuros y de segunda categoría. El pañuelo lo llevan en realidad personajes como el presidente iraní, pero en los ojos y en el cerebro. Ahmadineyad, en su calidad de ingeniero civil según su formación, debería dedicarse a tender puentes y no a levantar murallas. Pero salta a la legua que se dedica a lo contrario.

No somos nada

Japón
Japón

El mono maniático que es el ser humano bajo del árbol para tomar conciencia de su existencia e intentar domeñar la naturaleza hace miles de años, pero no tantos. Los historiadores destacan que la especie humana, situándola sobre un reloj imaginario de 24 horas de existencia de la Tierra, apareció a las doce menos algunos minutos, apeñas un puñado de segundos antes de la medianoche. Esto es, que somos unos advenedizos de última hora aunque nos creamos los reyes y reinas del mambo. La catástrofe de Japón (toda la solidaridad de este modesto blog hacia esa nación) da que pensar sobre la fragilidad y debilidad de la vida humana y su incierto futuro al lado de la fuerza de la naturaleza, una situación agravada por las trágicas consecuencias de las centrales nucleares, poderosa fuente de energía y poderosa fuente de destrucción también. No somos nada.