Orejas aduendadas

Duende
Duende

Mi hija Estrella llama “orejas aduendadas”… a las orejas de los duendes. Sí, a esos pabellones auriculares con terminación en punta, triangular y apuntada hacia arriba. Esa forma del cartílago que, por arte de magia, unos dedos dotados de poderes han estirado con garbo y gracia hasta darle la forma correspondiente, que distingue a los estos seres. Orejas aduendadas, las que suelen tener los duendes, vaya. A mí no se me ocurriría una mejor forma de denominarlas. “Triangulares, apuntadas…”. No: “aduendadas” es perfecto. Las orejas con las que se dotan los duendes. Ella suele tratar con ellos, para su fortuna y su suerte; para su imaginación. Yo, que yo me hice mayor, aunque no hace tanto tiempo, no encuentro semejantes orejas en mis semejantes, que en general se tocan/tocamos con pabellones auditivos más bien vulgares y tirando a feuchitos. Lo cual no quiere decir que no se encuentre uno en el camino con seres mágicos, pero sin esas orejas aduendadas que Estrella halla en los seres de sus cuentos.