Elogio de lo imposible

El examen de los ingenios
El examen de los ingenios

Hoy sábado 22 a las 22:00 es la última oportunidad para ver en la Sala Kubik Fabrik una obra extraordinaria: El examen de los ingenios, de la Compañía Bedlam Teatro. Se inspira en la figura de un autor español del siglo XVI, Juan Huarte de San Juan, del que, yo, tan ignorante en tantas cosas, nunca había oído hablar. Huarte escribió en 1575 un libro, Examen de los ingenios para las sciencias, cuyo objetivo era aconsejar a cada persona, tras el análisis de cuestiones como carácter y constitución física, cuál era la profesión que más le convenía. Ni que decir tiene que la obra de Huarte pretendía mejorar la sociedad de su época y, como no podía ser de otra manera en aquella España, acabó siendo prohibida por la Inquisición, aunque se divulgó en ediciones clandestinas en nuestro país e incluso más allá de nuestras fronteras. La obra de teatro, ingeniosa de verdad, está protagonizada por cinco actores que, durante hora y media, desarrollan toda una dramaturgia clásica que es en realidad una fábula contra la persecución de la inteligencia, el castigo a los diferentes y el menosprecio de la mujer, casi que tres constantes durante tantos siglos de historia en esta piel de toro que ha sido tan fúnebre para los avances y el desarrollo. Alterna risa y reflexión y tiene un desenlace feliz para la posteridad en el que ellas, al final, triunfan. Acérquense si no tienen plan para hoy, porque les va a encantar y concidirán plenamente con una de las sentencias con que finaliza esta pieza: “Más daño hace quien tiene buen juicio y mala entraña que quien se entretiene en perseguir lo imposible”.

Realidad poliédrica

Por tu Culpa
Portada de “Por tu Culpa”

La realidad se descompone en mil pedazos, como en un caleidoscopio, y solo alcanza a tener algo de sentido cuando giras el cacharrito en dirección al sol, intentando descifrar qué se oculta detrás de los dibujos de colorines, preñados de gracia al contacto con la luz. Es solo un intento, porque muchas veces, en realidad, uno no llega a comprender nada de lo que ve, o de lo que ocurre. Es, tal vez, lo que ocurre en una micronovela de mi amiga Silvina L. Monge,  Por tu Culpa, que trata de desentrañar los motivos de una tragedia a través de las múltiples personas que convivieron con el protagonista silente de esta obra, de verdad recomendable por su ligereza y su frescura, su ausencia de adjetivos y su búsqueda de la prosa precisa. Silvina me cuenta que “con Por tu Culpa aprendí la verdadera condensación de palabras. Cada letra tiene su lugar. Primero escribí y escribí para, tras un largo pulido, quedarme con la pena máxima de cada personaje condensada en breves párrafos. Es una novela al desnudo, sin maquillaje, cruda. Y que me ha dejado a mí tiritando en el vacío de un montón de palabras no escritas.Lo único que sé es que todos llevamos un papel arrugado dentro”. Ese papel arrugado contiene nuestra pena y nuestra penitencia.

PD.- Por tu Culpa se puede descargar, por una cantidad tan módica que es más bien simbólica, de las páginas de Amazon en España, Reino Unido y USA. Un pequeño gasto que representa mucho para esta joven escritora. Se lee en un ratito y gustosamente en cualquiera de los cacharritos digitales que nos acompañan y convierten en agradable el más anodino trayecto en metro.

Un minuto te puede salvar la vida

El minuto del payaso
El minuto del payaso

El payaso está contratado para hablar un minuto, en una función benéfica, pero lo hace alrededor de cincuenta en un monólogo a modo de un plano secuencia en el que reflexiona sobre el arte y sobre la vida ante su deslumbrado auditorio. Cincuenta minutos de este único protagonista que pasan en un suspiro y cuyo recuerdo pervive y me hace aún sonreír a pesar de haber visto el estreno de la obra hace una semana. Esta noche, a las 22:00, el payaso, interpretado por Luis Bermejo (Teatro del Zurdo) vuelve a la Kubik Fabrik, a volver a representar ese arte “que permite entretener la vida y olvidarnos de que tenemos que morir”. Describe Bermejo en El minuto del payaso, que alterna risas y sonrisas y hace verter alguna lagrimilla, que en un minuto “Charlie Rivel nos hacía llorar de risa. Y Tortell Poltrona nos calienta el corazón. La gente entra con toda su mierda y con todo su mundo hijo de puta. Y en un minuto se lo arrancas y lo tiras lejos, fuera de aquí. Luego salen a la calle y se tropiezan con él y se lo vuelven a meter en el bolsillo. Se meten en el bolsillo su mundo de hijo de puta como si fueran las llaves de su casa, pero se les ha quedado dentro la lucecita de una sonrisa. Y cuando menos se lo esperan, en medio de su mundo de hijo de puta, se les mete en el oído la voz de Zampabollos (“un puentecito, un puentecito”), o la voz de Charlie Rivel (“uhhhhhhh”) o lal voz de Pepe Viyuela (“jodeeerrr”). Ese minuto les puede salvar la vida”. Cuando acaba la obra, cada espectador sale con una nariz de payaso que no es metafórica y cuyos efectos, como yo he experimentado, perduran.