Fuego en el país de la lluvia

Una perrita lleva el cuerpo calcinado de su cría
Una perrita, con el cuerpo de su cría

Ver el país de la lluvia cercado por el fuego causa desasosiego y dolor. Viejos y queridos amigos de Lugo me hablan de la sensación de apocalipsis que han tenido estas jornadas de atrás, con cielos que de repente se volvieron negros y en los que, literalmente, se hizo de noche a plena luz del día como consecuencia de la humareda y de las nubes de ceniza. ¿Qué ha ocurrido para que se pueda llegar a esta situación? Posiblemente la mala fortuna de varios factores combinados –abandono del monte, peligrosas prácticas agrícolas, locura incendiaria…- con un agravante añadido: el cambio climático. No creo que queden ya, a estas alturas, muchos negacionistas de este fenómeno. El primo de Rajoy debió de jubilarse hace tiempo ya. Hace falta estar ciego, o tonto, o ambas cosas, para negar la transformación del clima que estamos sufriendo ya de manera palmaria, con veranos que se prolongan más allá de sus límites habituales naturales y fenómenos naturales fuera de todo control. Las administraciones tienen un papel clave para que el cambio climático no se agrave, pero en manos de todos está, también, que el país de la lluvia y tantos otros lugares no se vuelvan páramos privados de vida.

Maps with seny, ya

Google Maps
Google Maps

En estos días tan modernos en los que todos andamos abducidos por las pantallitas de nuestros cacharritos electrónicos, cuesta mucho salir para afuera. Antes uno se perdía en una ciudad y tenía que preguntar por tal o cual destino. Si uno es hombre y se pierde con facilidad, cual es mi caso, causaba cierta pereza preguntar (al género masculino le cuesta más preguntar, es cierto), porque con frecuencia ponías en aprietos al preguntado, y quien preguntaba tampoco se acababa de aclarar. Ahora poner solución a esos despistes tiene más fácil arreglo con las múltiples aplicaciones de mapitas que llevamos en el bolsillo. Así que cada vez pregunta uno menos. A veces hay despistados que le preguntan a uno por tal o cual calle, pero son los menos, y esta rareza les convierte hasta en sospechosos. ¿No tienen Smartphone a mano o es que esconden alguna aviesa intención? A veces pienso en Carles Puigdemont y la aplicación de mapas que llevará en su teléfono: él ha marcado que su destino es “independencia” y le da igual por encima de donde tenga que pasar y pisar. Leyes, constituciones, todo parece darle igual. ¿El seny / sentido común / sensatez / cordura? Tampoco aparece en su mapa. Si el president hubiera salido a la calle y hubiera preguntado a los viandantes en lugar de tirar tanto de rutas prefijadas y prejuiciosas, se habría encontrado posiblemente con algunos que comulgarían con sus ruedas de molino y con otros muchos que le habrían dicho que la independencia es un camino hacia el abismo y que no se puede construir nada, a estas alturas de la historia, levantando nuevos muros y fronteras. Por cierto, que para esto habría que hacer también una reforma constitucional: para que en el frontispicio y/o preámbulo de cualquier ordenamiento aparezca como principio fundamental que los gobernantes están obligados a conducirse con seny, sensatez, y que sus desvaríos se los guarden para su casa. Y, ya puestos, incluso ese seny los de Google deberían incluirlo en sus maps.

La farmacia

Josep Borrell
Josep Borrell

Visto ayer en la farmacia de mi barrio de la que soy cliente:

  • Pensionista: Hola, quería este par de medicamentos (entrega su tarjeta magnética de Sanidad)
  • Farmacéutica, tras consultar en el ordenador y buscar en los estantes: Pues aquí los tiene
  • Pensionista, tras reparar un minuto en las cajas: Ah, bonita, este no me lo des. Es que es de un laboratorio catalán (era una marca blanca de Omeprazol)

¿Cuántas situaciones similares se estarán produciendo en todos los comercios de España estos días a cuenta de la tensión independentista? ¿Tiene justificación? Yo creo que no hay que llegar a estos extremos y comparto las reflexiones que hizo el ex ministro Borrell en su vibrante discurso del pasado domingo en Barcelona, en el que denunció también el silencio de muchos empresarios catalanes ante el riesgo de lo que se avecinaba y les acusaba de no haber dicho algo a tiempo. Pero el problema es que, cuando se piensa con las tripas y se abre la caja de los truenos –y los primeros que han pensado con las tripas han sido los partidarios acérrimos de esa entelequia llamada independencia– se desencadenan estas reacciones. ¿Quiénes van a ser los paganos? Pues, mayormente, los trabajadores y trabajadoras de Cataluña, la gente corriente, la gente del común que siempre es la que paga las crisis. Y esto deberían haberlo tenido en cuenta, también, los independentistas: los paganos de las entelequias que han urdido algunos van a ser los trabajadores. Lo he escrito en alguna ocasión: cuando los castillos que se hacen en el aire se derrumban, los cascotes caen sobre las cabezas de los de siempre.

PD.- La tensión de la farmacia se relajó. La farmacéutica revisó la caja y le dijo a la señora que el laboratorio era de Tres Cantos.