Libertad de prensa

Periodista
Periodista

Es 3 de mayo, Día Mundial de la Libertad de Prensa. De tal manera que no está de más recordar algún precepto, como el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: «Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión». Una prensa libre, independiente y crítica es clave en nuestro sistema democrático, y todavía hoy, en nuestro país, sigue expuesta a riesgos y presiones, como ocurrió con las fotos de políticos valencianos vinculadas con la trama Gürtel censuradas no hace mucho por una institución oficial de la Comunidad Valenciana, y que la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) ha decidido exhibir con motivo de este 3 de mayo. En numerosas partes del mundo, los periodistas siguen siendo incómodos testigos, que incluso hay que eliminar. Sin su valiente trabajo, si a ell@s les dejan mudos, el resto nos quedaríamos ciegos y sordos. No lo permitamos.

Primavera reventona

Claveles
Claveles

Por fin llegó la primavera con fuerza a Madrid y al resto del país, expulsando el frío y la grisura que reinó durante el largo y prolongado invierno de este año. La nueva estación ha entrado con mucha energía; más bien, ha reventado, como un clavel, llenando todos los rincones de luz, desparramando sus esencias por todas partes. Las ropas de invierno que solían cubrirnos se han retirado con rapidez a sus cuarteles, han corrido presurosas a refugiarse en los cajones tras caer de nuestros cuerpos como capas de cebolla. Los estantes de los mercados se van copando con los nuevos frutos de esta estación, las frutas y verduras que trae el buen tiempo y que alegran también los fogones con fragantes sabores. Han empezado los meses de intensa luz, para bañarnos por dentro y por fuera, aunque algunos cuerpos puedan padecer algo de astenia primaveral mientras se acomodan a la nueva situación. Los cambios siempre cuestan. Nos hacía falta el calor.

Felices, libres, iguales

Niño
Niño

Mi hija Estrella y sus compañer@s entran a clase entre un torrente de gritos y risas. Son niños y niñas de corta edad, y el color de su piel y sus apellidos no les importan lo más mínimo: somos los mayores los que creamos los prejuicios. Es una imagen en un colegio público de un barrio de Madrid, claro, porque en los centros concertados (sufragados también con fondos públicos, ojo) y privados estas estampas multiculturales, como se dice desde hace un tiempo, son más inéditas. Mi deseo como padre, como el de cualquiera de los que acompañamos a nuestros niños al cole a esa hora de la mañana, es que crezcan felices, libres e iguales. Pero hace falta mucha inversión pública, y mucha más voluntad política (y desde luego al menos en la Comunidad de Madrid no se ve en demasía), para que la escuela pública pueda integrar con eficacia a todos estos pequeños cuyas familias han llegado a España en los últimos años, al modo en que ha venido funcionando el sistema educativo público de nuestra vecina Francia (vecina, ¡pero a años luz en tantas cosas!). Ellos y ellas, los de origen oriundo y los que tienen su procedencia allende de nuestras fronteras, tan españoles los unos como los otros, representan el futuro de esta piel de toro, mestiza para siempre. Y ninguno ha venido al mundo ni con un crucifijo, ni con un velo, ni con una kipá debajo del brazo, sino con un ansia infinita de crecer, reírse y aprender.