Tiempo de membrillo

Membrillos
Membrillos

Aunque sea de ciudad, me gusta comprobar el paso del tiempo por las frutas y los frutos de temporada que van apareciendo en las tiendas. Ellos son las hojas de mi particular calendario. Reparo siempre en los estantes de las fruterías y las verdulerías para ver que, vaya, ha caído otro mes, y otro, y otro… Se nos va la vida al ritmo de las estaciones. Ahora es tiempo de membrillo, de nueces, castañas, de higos secos… Dan mucha energía y aportan grandes cantidades de nutrientes, y me vienen bien en este tiempo de desgaste emocional. Cuando acabe de escribir estas líneas del blog, me voy a poner manos a la obra con una olla de de carne de membrillo; a mi madre le encantaba hacerlo, y como este año no puede y no voy a poder meterle mano a la fuente que solías tener en tu nevera, ¿sabes, mamá?, lo voy a hacer yo, que hace tiempo que no lo hago. Siempre me he sentido bien contigo entre fogones, desde pequeño, viendo cómo hacías las cosas, aprendiendo las recetas que he hecho una y otra vez en la edad adulta, una y otra vez. Lástima no haberme dedicado a la cocina, pero, mira, esta pasión por los fogones será una de las cosas que siempre compartiré contigo. Este perolo de membrillo va a por ti, mamá.

Apellidos: gesto por la igualdad

Apellidos chinos
Apellidos chinos

Cuando nació mi hija Estrella, hace cinco años, mi mujer y yo, ambos feministas y de izquierdas, o de izquierdas y feministas (tanto monta, monta tanto; ¿hay izquierdistas que no sean feministas?, pues qué contradicción, porque el feminismo ha sido, es y será uno de los grandes movimientos emancipadores de la condición humana) adoptamos una decisión. Como decía, ambos, y yo de manera especial, teníamos un deseo: invertir el orden de los apellidos, permitido por una modificación legal, para no repetir el uso y costumbre patriarcal en España de que el apellido paterno fuera en primer lugar. Así lo acordamos en el Registro Civil, con naturalidad, y tan contentos. Yo creo que estos pequeños gestos ayudan a transformar la sociedad y hacen avanzar la igualdad, y como me gusta predicar y dar trigo, así lo hice. Ahora leo el revuelo que se ha montado con este asunto y las voces desaforadas de la caverna, pegando gritos a diestro y siniestro, como acostumbran, porque parece que se tambalea otro de los sacrosantos pilares de la patria. Creo que la paternidad no se demuestra con la prevalencia del apellido paterno, que ya no basta con poner la semillita y el apellido primero, sino queriendo a mi hija con toda mi alma, jugando con ella, alimentando su ansia de saber, enseñándole a crecer libre y feliz, amando a Estrella con toda la dulzura del mundo que me es posible, con la misma dulzura con la que mi madre, su abuela, que tan mal lo está pasando en este tramo final de su vida, me ha amado a mí.

 

Leyes físicas: inercias y presiones

Cocido
Cocido

«Me creía tan listo, doctora, que pensaba que las leyes físicas no me afectaban. Pero vaya si lo hacen. Mi cuerpo se enfría y se calienta con las altas y las bajas presiones. Y ahí no acaba todo (que hasta ahí sería normal). Sufro la inercia: la propiedad de los cuerpos de resistirse al cambio del movimiento, es decir, «la resistencia al efecto de una fuerza que se ejerce sobre ellos. Como consecuencia, un cuerpo conserva su estado de reposo o movimiento uniforme en línea recta si no hay una fuerza actuando sobre él». Así pasa que cuando hay un frenazo o un acelerón, yo tiendo a darme el hostión; no entiendo estas brusquedades. También en numerosas ocasiones, con repetida frecuencia en las últimas semanas, veo que mi cabeza está sometida a tensiones raras. Ocurre como cuando hago un cocido en la olla exprés, que luego tengo que poner bajo el chorro de agua fría para equilibrar las presiones del interior y del exterior antes de poder abrir la tapa, feliz acontecimiento que se anuncia con el silbido del aire penetrando en el interior de cacharro. Me bulle la cabeza y me pego duchas, con todos los garbanzos del interior alborotados, pero no acabo de ver una salida y la presión en el interior aumenta. Que se me va la olla, vaya, y mis motivos tengo. Doctora, ¿es grave?»