Pespunteando el horizonte

Puesta de sol
Puesta de sol

Bandadas de aves en formación perfecta salpicaban ayer por la tarde, cuando no faltaba mucho para la puesta de sol, el cielo de Madrid desde mi ventana, hacia el ¿suroeste? Era una tarde gris, pero las aves volaban por encima de las nubes que impedían dejar pasar el sol, y sus cuerpos actuaban reflejando hacia abajo los rayos solares, pespunteando el horizonte nublado con destellos intermitentes. Lo hacían con tal perfección que en algunos momentos el dibujo de su vuelo se asemejaba a una vainica doble. Eran puntos luminosos que rompían el gris invernal celeste, y su belleza superaba con creces a cualquiera de las lucecitas de colores que estos días de Navidad adornan las calles de esta gran metrópoli.

Estrella tu copa

Copa rota
Copa rota

Es curioso el destino fatal de algunas cosas. Las copas de cristal (no los vasos, pero sí las copas, estos días tan presentes en las mesas de estas celebraciones) suelen terminar rotas en mil pedazos al menor descuido. Los paraguas, ahora que estamos en invierno, tienden a perderse a la mínima de cambio. Los calcetines tienen la fea costumbre de desaparecer, pero sólo uno de los dos: ¿alguien sabe si en las lavadoras existe alguna especie de agujero negro que los engulla? Singular fin el de estos objetos, sí. Por eso, estrella tu copa; total, algún día (más próximo que tarde) se hará añicos y te cortará las manos. Desempareja tus calcetines; total, ellos siempre lo hacen por su propia iniciativa. Abandona tu paraguas en cualquier taxi; total, siempre acaban olvidados en algún sitio. Con estos consejos, total, no estarás más que anticipando en el tiempo el destino fatal de estos tres objetos. ¿Cuánto tenemos de copas, paraguas y calcetines las personas?

Corazón partido

Santa Claus
Santa Claus

A estas alturas del año, cuando llega el solsticio de invierno, mi hija Estrella, inventora de Faktuna, tiene el corazón partido entre dos pasiones. Hoy tuvo su cita con el primero de estos amores, Papá Noel; el próximo día 6 tendrá la segunda y más importante, los Reyes Magos. Para Santa Claus, Estrella me dictó la siguiente carta, que el señor gordinflón ese de rojo (yo soy de los Reyes Magos) se ha debido de encontrar esta noche junto al árbol navideño: «Papá Noel, como eres muy goloso, Estrella te ha dejado un pequeño Santa Claus de chocolate y una leche [sic], de parte de mamá. Y luego, de parte de papá, te he dejado una pegatina de esqueletos porque los Reyes Magos se asustan con las pesadillas». Ella ya sabe que entre uno y otros hay pique; seguro que la noche del 5 me dicta otra misiva.