Aroma a lombarda

Lombarda
Lombarda

¿Es la Navidad un regalo para los sentidos? La respuesta es afirmativa: nos machaca los oídos con los villancicos y el joujoujou del señor gordinflón ése de rojo, el gusto con tanto mazapán y polvorón, la vista con tanto juego de luces que se encienden y se apagan, el tacto con tanta falta de tacto por la alegría colectiva impostada y el olfato… con el olor a lombarda que de un momento a otro comenzará a ascender en forma de vapor desde muchos fogones madrileños. En las cocinas del Foro, efectivamente, la preparación de esa berza morada es típica para la noche del 24 de diciembre. Yo mismo comenzaré a cocinarla en un rato, con su manzana reineta y su adobo de vinagre y pimentón; la verdad es que es un plato de otoño-invierno que me encanta hacer durante estos meses, aunque el olor perdure.

Santos laicos

Antonio Machado
Antonio Machado

Estos días de tanta figurita religiosa de belén se prestan -por contrarrestar- a la reivindicación de alguno de nuestros compatriotas considerados como santos laicos, figuras cuya obra les ha hecho ascender a los altares de la memoria histórica colectiva sin necesidad de incienso, y sí a lomos del fervor popular como reconocimiento a la grandeza de su arte. En este santoral sin mandorla mística descuella el nombre de un poeta, el sevillano Antonio Machado, a cuyos versos puso música Joan Manuel Serrat en un extraordinario disco de 1969. Algunos de los versos contenidos en los machadianos  Proverbios y cantares versionados por el cantautor catalán son tan conocidos como muchos de los villancicos que forman el hilo musical permanente de estas jornadas; y, desde luego, mucho más conmovedores. ¡Anímate, Faktuna, a entonar alguno, que no todo va a ser El Tamborilero!

Conexiones inalámbricas

Eslabones
Eslabones

Los cables tienen un destino incierto en la era digital: les aguarda su próxima desaparición inminente en aras de las redes inalámbricas, las impronunciables siglas del wifi que lo copan todo. Todos los aparatos que nos rodean estarán conectados en el futuro sin cable alguno, como por arte de magia. Aunque tampoco es tanta la modernidad: a lo largo de nuestra existencia estamos rodeados de conexiones inalámbricas -de lazos invisibles, en suma- a las personas, a los lugares, a las cosas. Como las reses que tienen querencia por un sitio concreto para abrevar, para reposar, para aparearse, para dormir, mientras miran por la noche al firmamento, con el que también tenemos eslabones invisibles, así somos también los humanos.