Solución de consenso

Rey Baltasar
Rey Baltasar

Mi hija Estrella, que se afana en estos momentos por desenvolver sus regalos del 6 de enero, ha encontrado una solución de consenso para congeniar sus dos grandes pasiones que le tienen el corazón partido: los Reyes Mayos y Papá Noel. Anoche, tras contemplar desde la plaza de Colón la espectacular cabalgata de Reyes de Madrid, Estrella se preguntaba por qué no había desfilado también Papá Noel, a la vez que no mostraba apego a Baltasar, mi rey favorito. O sea, le habría gustado un desfile con Melchor, Gaspar y… Papá Noel. A los Magos, como ya hizo con joujoujou en la noche del 24, les ha dejado también una carta: «Queridos Reyes Magos. Os dejamos una leche y polvorones, que no hay en vuestro país y así los probáis, para que cojáis fuerzas para traer regalos a todos los niños. Si no me habéis encontrado todos los regalos no me enfadaré y os quiero igual (a Baltasar también). Si la bici es blanca [hay que aclarar que pidió una bicicleta de Mickey Mouse que los Magos no encontraron] la decoraré con pegatinas de esqueletos a ver si os da miedo y os vais a perder [sic] de risa». ¿Habrá recompuesto su corazón para el próximo solsticio de invierno?

Nivel de ruido

Grito
Grito

¿Sabes, Faktuna? En esta piel de toro la semántica tiene una aplicación difusa: se predican unas palabras, pero se practican las contrarias. Se lee que nos gusta dialogar, aunque en el fondo nos vaya más el monólogo, a veces incluso a gritos. Así no es de extrañar que nuestro nivel de ruido sólo esté por detrás, en todo el mundo, de Japón. Otros escriben y dan su opinión, pero más bien pontifican y sientan cátedra. Hacemos también bromas con cosas que no las tienen. Una de las últimas, por ejemplo, el ataque hacker a la web oficial de la Presidencia española de la Unión Europea, que algunos medios incluso parecen degustar, olvidándose de que estamos ante un asunto que en estos momentos es una cuestión de Estado y que simboliza la imagen del país. ¿Dónde está la gracia de este tema?

El sueño de Andrés Laguna

Andrés Laguna
Andrés Laguna

Qué casualidades. España ingresó en la entonces denominada CEE (precursora de la actual Unión Europea) en 1986. Fue el mismo año en el que un grupo sueco de rock llamado Europe (quién no se acuerda de las permanentes de sus componentes) cosechó un gran éxito mundial -España incluida-, con una pegadiza canción que estaba hasta en la sopa, The final countdown. Para España, aquel año significó también el final de la cuenta atrás para entrar en una UE que ha impulsado nuestro bienestar, y que ahora nos toca presidir durante este primer semestre del nuevo año. En 1986, España puso su reloj en hora con una Europa cuya identidad glosaron figuras de nuestra historia como el humanista Andrés Laguna, un médico segoviano de origen judío que en un lejano discurso del siglo XVI abogó, según sus conocedores, por una idea moderna de civilización europea opuesta a la barbarie. ¿Qué pensaría hoy Laguna ante una UE que se ha convertido en el mayor espacio de desarrollo humano del mundo? Posiblemente constataría que, con todas sus imperfecciones, se cumplió su sueño.