Microsurcos encantadores

Vinilos
Vinilos

A cuenta del follón éste de las descargas en Internet, me viene a la memoria lo laborioso que era antes adquirir -tampoco hace tanto- productos culturales contemporáneos. Aunque tenía su encanto. De adolescente, procuraba uno ahorrar unas pesetillas para luego ir a buscar -en mi caso en la línea 35 de la EMT que unía Carabanchel Alto con el centro de Madrid- los preciados vinilos a cadenas ya desaparecidas (Discoplay, Madrid Rock…). Años más tarde se acabaron los vinilos, para disgusto de sus defensores, y tuvimos que acostumbrarnos a los cedeses, que nunca tuvieron el encanto de los negros microsurcos. Ahora, caprichos del tiempo, el vinilo vuelve a estar de moda, y curiosamente de la mano de alguna gran distribuidora que en su momento los apartó de sus estantes sin más miramientos, en aras de la modernidad. Vuelta de vinilos al margen, el futuro de la música lleva ya un tiempo entre nosotros: la compra (sí, yo defiendo la compra, mediante sus diferentes modalidades) en Internet,  a un solo clic. No tiene tanto encanto, pero te ahorra tiempo, qué demonios.

Vigencia de Camus

Albert Camus
Albert Camus

La abundancia de efemérides produce que, con tanto frenesí conmemorativo, a veces pasemos por alto alguna verdaderamente importante, para reivindicar la vigencia de la obra o de las aportaciones de personas que nos han iluminado en el pasado y lo siguen haciendo. Es por ello que, pasados los fastos navideños, hay que marcar en negrita un aniversario clave: los 50 años de la prematura muerte de uno de los grandes literatos del siglo XX, el francés -de origen español- Albert Camus. Su producción literaria y su trayectoria vital son símbolo de la dignidad humana y del poder de la creación frente a cualquier totalitarismo -no hay que olvidar su compromiso con los republicanos españoles-. Camus es autor de obras clásicas, como El Extranjero, cuya trágica escena central en una playa argelina con un Meursault que representa lo absurdo de la existencia humana está grabada a fuego en la memoria de cualquiera que haya leído este libro. La obra de Camus es un manantial inagotable del que siempre se puede beber.

Escáneres por doquier

Interiores
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Me ha dicho Faktuna que él está a favor de los escáneres corporales. De todos. Pero que se instalen no sólo en aeropuertos, sino también en bares y panaderías, en supermercados y boticas. En hogares. En el IKEA y en el Carrefour. Escáneres por doquier que nos recuerden de qué estamos hechos los seres humanos. Para que en todo el mundo quede claro que, por muchas vestimentas que llevemos por fuera, por muchas capas que nos protejan del frío, por dentro somos iguales. Compartimos vísceras, sangre, fluidos, pero también preocupaciones, ilusiones y frustraciones.  Que somos tod@s iguales, aunque parezca mentira que a estas alturas de la historia haya que recordarlo. Y que, a la hora de la verdad, todos -pobres o ricos, blancos, negros o amarillos- hacemos la misma cola bajo un arco para embarcarnos en un avión rumbo a no sé qué destino.