Los peores fantasmas son nuestros miedos

The haunting of Hill House
The haunting of Hill House

Los peores fantasmas son nuestros miedos. Nuestro peor enemigo es el enemigo que llevamos dentro. El amor es nuestra tabla de salvación y lo único por lo que merece la pena vivir. 

De todo esto habla, en mi modesta opinión, una maravillosa serie de ficción que se puede ver en la plataforma de vídeo Netflix, La maldición de Hill House. No tengo duda alguna de que es una de las mejores series que he visto. La trama de este drama gira alrededor de las complejas relaciones que se mantienen en una familia (¿hay alguna familia en la que no haya alguna que otra compleja relación?), alrededor del hechizo de una casa que ha trastornado sus vidas para siempre.

Los actores son soberbios; la caracterización, extraordinaria; la puesta en escena, impregnada de una perfecta dramaturgia; la música, el guion… Todo es redondo en esta serie, con momentos para reír, llorar y estremecerse. Estremecerse, unos cuantos momentos (mejor no ver la serie de noche y a solas, que la oscuridad da sustito después de tragarse un capítulo).

La maldición de Hill House es de terror, pero llevadero. Lo suficiente para tenerte en tensión e ir descubriendo el misterio. Yo las series de terror por terror no las soporto; esta es de terror, sí, pero un poco solo. Soportable hasta para  los miedicas como un servidor.

Y el final es tan redondo… No lo cuento para no hacer spoiler, como se dice ahora. Pero en el desenlace todo cobra sentido y la conclusión te reconcilia con todos los personajes de una serie vitalista, porque, en contra de lo que pudiera parecer cuando uno comienza a verla, infunde vida, porque anima a vivir y a dejarse hechizar, o a encantar. Y a amar.

 

Miss Sonrisa

Sonrisa, sunrise
Sonrisa, sunrise

¿Es el ser humano el único animal del universo mundo con capacidad para sonreír? Tal vez. La sonrisa es un gesto bien bello y profundamente humano cuando es verdadero y sale de dentro. También hay medias sonrisas que despistan y cuyo significado es equívoco. Uf, y ojo, que hay sonrisas de farsantes, a cargo de grandes fingidores y gentes falsas podridas por dentro y por fuera. Sonrisas falsas y falsas sonrisas. Sonrisas tímidas que todos esbozamos ante una situación que no sabemos cómo controlar. Hay sonrisas que iluminan el mundo y llenan de luz cualquier estancia, por oscura que esté la habitación y por mucho que el cuarto no tenga ventanas que dejen penetrar el sol. Sonrisa vendrá del latín, como casi todo nuestro idioma (el Diccionario de la Real Academia de la Lengua no lo clara demasiado, pero seguro que es así). Sonrisa se parece mucho a sunrise, amanecer en inglés. Parece que la palabra española y la otra en inglés no tienen nada que ver a simple vista, pero yo creo que sí tienen un vínculo, sin duda: porque hay sonrisas que son amaneceres que acaban con el miedo y la noche oscura, que espantan el frío y traen calor. Sonrisa = sunrise. Sonrisas de amanecer, con promesas de mil amaneceres más, que al producirse son un fogonazo de amor, que echan por tierra la tristeza, que basta evocar para que el alma y el corazón brinquen de contento. ¡Miss Sonrisa!

Declaración de dependencia

Encaje
Encaje

Hartito como estaba aquel hombre de tanto enredo catalán, de ensoñaciones, entelequias y arcadias felices que solo existen en las mentes de los locos cariocos, se levantó por la mañana y decidió dirigirle a su amada una declaración  de dependencia. No de independencia, que de eso ya tenía bastante con Puigdemont y sus cuates, sino de dependencia. Dependencia de sus palabras, de sus ojos y de su piel. Aquel hombrecillo perdidamente enamorado mandó las siguientes palabras a su amada, mediante un cablegrama eléctrico remitido desde todos los poros de su piel a la otra piel deseada. Tal vez incluso se lo remitió a través de las conexiones químicas invisibles que se producen entre seres enamorados: “Querida mía, no aguanto más DUIS, más declaraciones vacías, más cuentos a cuenta de la independencia de un cacho de España. Me salen por las orejas tanta soflama, tanta tertulia televisiva, tantos ríos de tinta vertidos. No soporto más tontunas y lo único que me preocupa es en lo que creo que debo ocuparme. En estos momentos de desconcierto, te confieso mi amor pleno y dependiente. En estos tiempos de falsedad descomunal y de la farsa que se ha apoderado de todos los espacios de la vida pública, mi bandera eres tú, mi patria empieza y termina en ti. Tú eres lo que siento como único verdadero en medio de tanta mentira”. ¿No es acaso el amor la más poderosa de las fuerzas del universo?