¡Oh, es Él!

Terrorífico ánsar
Terrorífico ánsar

«Amada doctora. Aquí Cleofás Cista, para servir a Dios y a usted. Vengo a que me ponga un chute pa rebajar mi alegría, no vaya a ser que me reviente el corazón en el pecho de gozo. Leí ayer en El País (que no es precisamente mi diario de cabecera, como ya se puede imaginar; yo sólo compro prensa plural y objetiva) que el más mejor presidente que ha tenido España, JM Aznar, ¡¡¡estrena página web!!! para los cientos de miles de españoles de bien, con el corazón también y tan bien colocado a la derecha, que le seguimos añorando. Perdone que chille, pero ¡vuelve josemari, echa al tipo este que dejaste de heredero,  que no vale pa ná! Ardo en deseos de acabar la consulta, una vez que usté me ponga la inyección, para navegar por el océano aznariano. Me dijo mi vecina la tecnológica que la página tiene hasta vídeos: nada mejor para repasar sus visitas al rancho de Crawford, sus reuniones en las Azores, sus verdades sobre el 11-M, o sus más recientes peinetas. Y fotos: ahí espero encontrar las de la boda imperial en El Escorial, o la de algún amigo gürteliano, o la de -¡ay!- la de su tableta de chocolate. De momento jmaznar asoma su adorada jeta entre las procelosas aguas de la red, pero le queremos en persona, que vuelva ya y nos saque de las tinieblas. ¡Te echamos tanto de menos! ¿Usted no, doctora? ¿Por qué me mira así? ¿Qué va a hacer con esa aguja?»

Análisis de una foto

Aznar
La foto de Aznar

«Hola de nuevo, agente. Soy el del otro día, me recordará; el que vino a denunciar a un supuesto asesino de calderas. Ahora vengo por otra cuestión, que también me ocurrió en el metro esta semana. Se la cuento: iba en el vagón, el pasado martes, leyendo, para gran reposo de mi alma, unos haikus que me ha recetado el médico de cabecera, medio adormilado por el traqueteo del convoy de la línea 3. Qué tranquilidad. Pero hete aquí que, al levantar la vista, me topé en la portada de El Mundo del señor que iba enfrente con esta foto de José María Aznar, un ser que, he de confesarlo, siempre me horripila. Ya no es que me estomague por el recuerdo de su etapa en el Gobierno y que me dé miedo por ese bigote rasurado que se me asemeja a una lija presta a desollar a quien no comulga con él, no. Lo que me asustó fue el gesto de sus manos en esa imagen: aparecen atrapando una bufanda o fular, pero como si quisieran echar luego esta prenda al cuello de tod@s los que afortunadamente no somos/pensamos como él, de aquellos -como el mismo decía años ha, revelando su avanzado concepto de la democracia- que ladraban su rencor por las esquinas por el mero hecho de no compartir su política. Y, lo que es la vida, el único que permanentemente exuda rencor es él. Dígame, agente, ¿debo presentar una denuncia si me siento amenazado por esas manos?»