¡La ciudad, para los ciudadan@s!

Madrid
Madrid

Miden menos de 2,5 micras de diámetro. Ustedes no las pueden ver. Yo tampoco. Pero nuestros organismos sí que las sienten, y se resienten. Y además, cada vez se están detectando más, según los estudios científicos. Hay partículas diminutas en suspensión que se infiltran en nuestros pulmones y nos están matando lentamente. Dañan más a niños y a ancianos. Se llaman PM2,5 y las producen, sobre todo, los motores diésel de los vehículos que pululan por el centro de las ciudades. Sí el suyo también, y el de usted, que se lleva el coche a todos lados a pesar de tener una parada de metro en la puerta de su casa y otra a la vuelta de la esquina de su trabajo. Erradicado ya el tabaco de bares y restaurantes, ¿no podría hacerse lo mismo con la porquería esta que generan los coches? El centro de las ciudades debe ser para los ciudadanos y las ciudadanas, no para los locos cacharros sobre ruedas. Ojalá que en Madrid, que es la ciudad donde resido, haya algún día un alcalde o alcaldesa valiente que se decida a poner fin a la tiranía de los coches en el centro. ¡La ciudad, para los ciudadan@s! Mira, este podría ser un buen lema de campaña…

[NO-RES]

Colonia Castells
La Colonia Castells

Un colectivo de jóvenes se ha puesto manos a la obra con un proyecto que promete ser un canto a la vida y a la esperanza, paradójicamente partiendo de la nada. Se trata de los impulsores del documental [NO-RES], La Nada, que narrará la desaparición de una colonia de viviendas obreras en pleno centro de Barcelona, la colonia Castells. Lo prevén presentar a mediados de 2011. Los mimbres para esta historia los ha tejido la propia realidad: un barrio de  principios del siglo XX similar a otras colonias de este tipo que aún perviven en tantas ciudades españolas y que pronto dejará de existir. Yo mismo conozco una bien linda al lado del lugar donde resido. Lugares de casitas bajas construidos a la medida del ser humano, sin tráfico en muchos casos, en los que los niños corretean y los mayores se sientan tranquilamente a ver la vida pasar. Nada que ver, por tanto, con los fríos PAUS que rodean las ciudades. La Castells, como narran los promotores del documental, es «un pequeño ejemplo de ciudad horizontal frente a un creciente modelo urbanístico vertical: un pequeño pueblo en medio de la metrópolis, un oasis de paz. Después de años de trámites, negociaciones, resoluciones de todo tipo y protestas vecinales, este pequeño barrio integrado en Les Corts entra en su recta final: la colonia debe ser derribada (…)». El documental, para cuya ejecución buscan pequeñas aportaciones económicas ciudadanas a partir de ocho euros, pretende mostrar «el paso de la ciudad horizontal a la ciudad vertical. Inevitablemente, [NO-RES] narrará también el éxodo de sus protagonistas (…) La narración culminará con el derribo de las casas en las que nacieron muchos de los vecinos de la colonia». Conozco a  la productora ejecutiva (es una persona de fiar y sé dónde trabaja), con lo cual pueden estar segur@s de que sus aportaciones tendrán el mejor de los fines: poner su granito de arena en un innovador proyecto colectivo que tiene trazas de ser muy emocionante. Y sobre esa nada, al final, se construirá un todo.

La maqueta

Maqueta
La maqueta

«Contemplo desde los ventanales de mi despacho, en la planta 33 de un edificio al suroeste de esta capital, el bullir de las calles en esta tarde soleada, la ciudad postrada decenas de metros más abajo, como una miniatura. Tras un rato de ensimismamiento, los ojos se me van luego hacia una maqueta real de otra ciudad en la que viví hace muchos años; la encontré tirada en el despacho de una compañera. Estaba algo mutilada y llena de polvo, la rescaté y aquí la tengo, al lado del ordenador, de pisapapeles, para que no vuelva a extraviarse. Me imagino las minividas de las gentes en esta maqueta: el ir y venir de Antón al periódico, el camino que Helena seguía para asistir a las clases del instituto, la ruta que hacía la señora Uxía para comprar en el mercado quesos de nabiza y lacones; tiempo ha. Vuelvo la mirada hacia las cotizaciones del Dow Jones y del Ibex 35 de la pantalla; qué apasionante. Y los ojos se distraen de nuevo con la maqueta: creo haber entrevisto una luz encendida en una casita del centro, al lado de la catedral; sí, es una estudiante que se aplica sobre los libros; y de otro edificio de la calle de la Reina me sube un olor a bizcocho recién hecho. Lo único que le falta es que la riegue un poco; este despacho tiene el climatizador a tope, el ambiente está muy reseco y esta maqueta debe añorar las lluvias de la ciudad que representa. Quizá la riegue, sí, y le pinte algún tejado de colorines, para alegrar el gris.»