Colmillos retorcidos

Dientes
Dientes

«Oiga, doctora, estoy preocupado por la dentición. Me contó el otro día la dentista que nuestras piezas dentales son cada vez más flojas y de menor calidad. Que nos hemos olvidado de que la evolución también nos afecta, como seres que somos, y que comer cosas de peor calidad, y comer cada vez peor, genera a la postre más ingresos para los dentistas, a los que acudimos cada vez más por la mala calidad de nuestros dientes. Sí, sí. Que cada vez nuestras muelas son más deficientes, se nos caen antes de tiempo. Me comentó una cosa que me hizo mucha gracia: están detectando que salen menos muelas del juicio, lo cual no me extraña con lo desjuiciados que andamos (aunque no faltos de prejuicios, no; esos siguen campando por sus respetos). Qué graciosa, la dentista: dice que conoce mejor a la gente por sus bocas que por sus caras, y yo le apostillé y por lo que nos conocerá sin duda muy bien será por nuestros colmillos retorcidos, que en este país abundan bastante. ¿A que estuve ocurrente?, ¿verdad, doctora?»

¡País!

¡Más empatía!
¡Más empatía!

«El caso es que tengo un dolorcillo aquí, atrás, en la espalda. Uf, míratelo, seguro que tienes algo malo; así empezó mi cuñada, y ya ves. Vaya, parece que al coche no le quiere entrar la marcha. Uf, claro, con este coche viejo; te veo comprando uno nuevo y, vaya, justo ahora que acaban las ayudas oficiales y sube el IVA, qué mala suerte. Estoy preocupada por mi empresa; la cosa va mal. Uf, qué mala pata, y con la edad que tienes; no te preocupes (que si necesitas algo ya sabes dónde no me tienes). Pues resulta que ando de baja; me han encontrado algo raro y estoy preocupado con las pruebas. Uf, ¿me lo dices o me lo cuentas?; yo acabo de tener un catarrazo que pa qué. Tengo un cabreo; mi hijo pequeño no estudia nada y no veo manera de motivarlo. Uf, carne de cañón; si yo ya te decía que ese chico es un vaguete. Espero que salgamos de la crisis cuanto antes. Uf, qué va. Mira Grecia. Vaya, parece que el avión atraviesa una turbulencia; qué nervios. Uf, nos matamos fijo. Padrenuestroqueestásenloscielos. Qué bien está remontando el equipo; creo que salvará la Liga. Uf, para nada. Estos mantas bajan a segunda, fijo. ¿Qué tal me queda el vestido? Uf, te hace un poco gorda, ¿no? Estoy segura: quiero tener un hijo. Uf, ¿a tu edad? Mira que ya estás talludita. Etcétera… ¿Por qué nos cuesta tanto, sencillamente, intentar comprender al que tenemos enfrente? Curiosa España, doctora, este país en el que tododios tiene un cenizo dentro, siempre en forma de última y fatalista palabra para decir, apostillar y quedar por encima, como el aceite (con algunas honrosas salvedades, de acuerdo; no hay regla sin excepción). Dígame, doctora, ¿dónde pueden recetar empatía («Identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro», DRAE) en dosis industriales?»

Análisis anual

Musgo
Musgo

«Sus análisis, doctora, me desconciertan. Una vez al año vengo a verla con mi bote de orina, para la revisión anual. Aparte me pinchan y sacan sangre, y luego me someten a otros ingeniosos aparatos que arrojan extraños gráficos y caprichosas lecturas que sólo ustedes, los médicos, entienden. Buscan en mi organismo la presencia de posibles rastros de enfermedades; de huellas del vicio, vaya. ¿Y no podrían buscar ustedes alguna virtud entre tanto mal? Me hacen sentir como un trasto viejo herrumbroso y lleno de óxido, que sólo reverdece si el rocío le deja algún resto de musgo. El agua de la lluvia le viene muy bien a mi cutis; y el sol me reconforta la epidermis; pero no sé si estos aportes aparecen en los análisis del bote de orina; es que nunca me indican nada al respecto, así que espero que esta vez me comente algo, porque me he gastado unos dineros en darme baños de sol y rocío, lo último en spas. Ya me dirá.»