Solución de consenso

Rey Baltasar
Rey Baltasar

Mi hija Estrella, que se afana en estos momentos por desenvolver sus regalos del 6 de enero, ha encontrado una solución de consenso para congeniar sus dos grandes pasiones que le tienen el corazón partido: los Reyes Mayos y Papá Noel. Anoche, tras contemplar desde la plaza de Colón la espectacular cabalgata de Reyes de Madrid, Estrella se preguntaba por qué no había desfilado también Papá Noel, a la vez que no mostraba apego a Baltasar, mi rey favorito. O sea, le habría gustado un desfile con Melchor, Gaspar y… Papá Noel. A los Magos, como ya hizo con joujoujou en la noche del 24, les ha dejado también una carta: «Queridos Reyes Magos. Os dejamos una leche y polvorones, que no hay en vuestro país y así los probáis, para que cojáis fuerzas para traer regalos a todos los niños. Si no me habéis encontrado todos los regalos no me enfadaré y os quiero igual (a Baltasar también). Si la bici es blanca [hay que aclarar que pidió una bicicleta de Mickey Mouse que los Magos no encontraron] la decoraré con pegatinas de esqueletos a ver si os da miedo y os vais a perder [sic] de risa». ¿Habrá recompuesto su corazón para el próximo solsticio de invierno?

Plácido en versión Rajoy

Plácido, de Berlanga
"Plácido"

Pudo ocurrir así, según un testimonio que no es real, pero pudo serlo (se non è vero, è ben trovato): «Vino al comedor social un señor que suele salir en la tele. No, no era papá noel, ni un rey mago. Tenía barba, eso sí, y la voz como acorchada. Y se puso a servirnos cocido como un loco. ¡Hala! Ya hizo la obra de caridad anual a la que es de suponer que le obliga su preceptor espiritual». En efecto, debió de pensar Rajoy, «mejor no sentar un pobre a la mesa navideña de los ricos (como en la clásica película Plácido, de Luis García Berlanga), que luego te lo dejan todo perdido, ¿oyessss?;  es preferible acercarse al comedor social de turno, que así nos hacen una foto. Una vez al año no hace daño; los otros doce meses podemos encomendarnos a Dios para seguir pidiendo que esta crisis económica no se resuelva. Es más, nosotros, Los De Siempre, no tenemos de hecho ganas ninguna de que se arregle, a ver si así arrebañamos unos votos más entre los platos y la desesperación de la gente que tiene que acudir al comedor social». Esto tiene un nombre, que quedaba muy claro en la obra de Berlanga: hipocresía.

Lo tuyo no es una familia

Familia feliz
Familia feliz

Tú que vienes de otro mundo, Faktuna, ¿tienes familia? ¿Y cómo es? ¿Estás casado por tu iglesia, has tenido los hijos que te mande tu dios, comulgas y confiesas tus pecados todos los domingos? ¿No lo haces? ¡Qué me dices! Pues entonces lo tuyo no es ni familia, ni nada; es un paripé. No es que lo diga yo, no, sino una instancia que responde a las siglas CEE, del siglo, ¿de qué siglo?, y que pretende seguir pontificando de cara a los milenios venideros como si la España de hoy en día no estuviera conformada por familias de todo género y condición, mal que les pese a los organizadores de eventos como el del pasado domingo en Madrid. Es necesario repetirlo, para que no se apropien de las palabras: su familia no es la única familia digna de tal nombre, su moral no es la única moral existente, mal -de nuevo- que les pese a estos señores de negro (suelen ser señores) que llevan dos mil años de mal humor.