Felicitas >> Happiness

Felicidad
Felicidad

Contaban los papeles de este martes la noticia de una niña nacida a bordo de una patera. Una hermosa historia que pudo tener un final trágico y lo tuvo feliz. El relato de una inmigrante embarazada que se embarcó en Marruecos, procedente del África subsahariana, y que dio a luz a su hija en plena embarcación, auxiliada por dos compañeras de la precaria travesía. Happiness (felicidad, alegría) será el nombre en inglés de la niña, y ahora descansa junto a su madre en un hospital de Motril (Granada). Happiness me recordaba el nombre de mi querida madre, Felicitas (felicidad), que llegó al final de su travesía hace tan poco tiempo. Un nombre singular, pero hermoso, sobre todo en una época en la que eran frecuentes nombres terroríficos para las mujeres españolas: Soledad, Dolores… Mi madre nació en un pequeño pueblo de Segovia, Fuentepelayo, en el que vivió hasta que emigró a Madrid. La casa de mis abuelos maternos, decorada con los típicos esgrafiados segovianos que todavía recuerdo, se llamaba calle de la Alegría, se dice que por la cantidad de críos y crías que había en tiempos en aquella rúa castellana, que llenaban de felicidad la calle. Felicitas, Happiness… la vida sigue. No creo que te pueda ver nunca, Happiness, pero deseo con toda mi alma que ojalá puedas tener una vida llena de dicha.

Taxista en Nueva York

Montevideo
Montevideo

«¿No tuvieron ustedes los españoles un poeta en Nueva York? Sí, hombre, el escritor aquel que fusilaron los fascistas en Granada, Federico García Lorca. ¿No se acuerda? Escribió ese libro en 1929. Pues, oiga, yo fui taxista en Nueva York. Lllevo en Madrid diez años, pero soy de Montevideo, la capital de la República Oriental del Uruguay. ¿Hay algún país en el mundo que tenga un nombre más hermoso? República Oriental del Uruguay… Qué lindo. Pero allí me iba mal y emigré. He dado muchos tumbos, pero uno de los sitios donde mejor lo pasé fue en Nueva York. Me fui unos días de vacaciones y acabé trabajando dos años de taxista. Me empleó la empresa Yellow Cab, no sé si se llamaba así; bueno, una de las más grandes de la Gran Manzana. Me flipaba llevar de acá para allá a los clientes, que ni me dirigían la palabra. Ir por las grandes avenidas de la ciudad con el GPS puesto para no despistarme. Había en NY mucho taxista hispano, e indios (de la India y de los de Estados Unidos). Éramos una gran familia los conductores inmigrantes. Gente estupenda. Qué bien me lo pasaba. Madrid también me gusta mucho, no se crea. Es una gran ciudad en la que nadie te pregunta de dónde eres, porque al final todos somos de fuera, aunque nos sintamos de dentro. Me gusta. He llevado una vida entretenida. ¿Le digo una cosa? También estuve un tiempo trabajando en la zona del Amazonas, y llegué a comer serpiente. Sabe a pescado…»

Post para Estrella

Reyes Magos
Reyes Majos

Este es un post para mi niña Estrella. Ahora que empiezas a leer. Te he contado muchos cuentos. Ahora te toca a ti descubrirlos. Cada sílaba se une a la siguiente. Varias sílabas bailan en tu mente. Las palabras son mágicas. Las palabras atesoran mundos. Tú lo sabes bien. Tú inventaste Faktuna. Nunca dejes de imaginar. El gato se pinta las uñas. El búho suda por la noche. La marmota se pasó con el orfidal (uy, esta frase mejor no la leas). La pata se tira un pedo de colores. Papá Noel tiene hipo. Los renos van a su bola. Somos monstruos felices. Esta noche había una bonita luna. La luna levantina parecía tener nariz. La luna dormía como acunada. La lagartija muda su piel. La cambia por otra recién comprada en el H&M («¡maldito consumismo navideño!», grita mientras ve los números rojos de su tarjeta de crédito; ésta tampoco sé si te conviene mucho). Los Reyes Majos son muy magos. Reparten muchos regalos. No tienen tiempo de hacer pis. Tampoco caca. La última frase es un poco más larga, pero tienes que leerla entera y llegar hasta el final, porque es especial para ti: Estrella tiene un corazón muy dulce, que sabe a calabaza asada recubierta de nueces y rociada con miel.