Escuela pública de tod@s, para tod@s

Pro escuela pública
Pro escuela

Este blog se hace eco este martes de las reivindicaciones de profesores, maestros, educadores y padres… en pro de una escuela pública universal, gratuita y de calidad, o sea, lo que debería ser normal en una nación que se presume avanzada y democrática. Una escuela pública de tod@s, para tod@s, como a la que va mi hija. O sea, justo lo contrario de lo que buscan Las Huestes Populares comandadas por DesEsperanza Aguirre en Madrid. Así pues, el espacio de hoy se abre a interesantes documentos que circulan por la red a propósito de las protestas convocadas en Secundaria, como éste, al que modestamente invito a dar la mayor difusión:

«Elige la opción que más te interese:

¿Qué prefieres?
A. Cambiar TODAS las papeleras de la ciudad de Madrid (coste: 76 millones de €).
B. Hacer que 3.300 profesionales sigan trabajando en la educación y no vayan al paro (coste: 80 millones de €).

¿Qué prefieres?
A. Ver por todas partes en carteles que somos “la suma de todos” y que el metro de Madrid vuela (coste en 2011: 111 millones de €).
B. Mantener una red de educación pública que pueda dar a TODOS la oportunidad de prepararse y llegar hasta donde quieran (coste: 80 millones de €).

¿Qué prefieres?
A. Destinar dinero público a los que más lo necesitan (aulas de compensación educativa, desdobles para los alumnos con más problemas, departamentos de orientación que ayudan a alumnos con situaciones complicadas, aulas de enlace para alumnos que llegan y no conocen el idioma …) (coste: 80 millones de €).
B. Destinar dinero público a los que más tienen (desgravación fiscal para las familias que llevan a sus hijos a colegios PRIVADOS) (coste: 65 – 90 millones de €).

¿De verdad crees que quitan recursos a la escuela pública para ahorrar dinero?

¿Aún piensas que la crisis es la causa de los recortes en la escuela pública? Si así fuese, ¿te has preguntado por qué no recortan también de la privada?

No te dejes engañar, en Madrid están intentando acabar con la Educación Pública para todos e imponer la Educación Privada para unos pocos, ¿LO VAS A PERMITIR?»

Ahí queda la cosa. Continuará, desgraciadamente, porque las tijeras de podar están bien afiladas y listas para seguir metiendo tajos si se produce el Advenimiento Marianil.

El telefonillo

Momento telefonillo
Momento telefonillo

«Yo todas las mañanas, doctora, me intento liberar del sopor, como hará usted, con el telefonillo de la ducha. Por este apéndice llegan mensajes raros del mundo exterior hasta mi cabeza, todavía embotada a tan temprana hora: haz café, vete a trabajar, reúne algo de dinero para intentar recortar la voraz hipoteca… El telefonillo, aplicado al cerebro, conversa con la realidad que afuera, en la calle, también se despereza entre bostezos. Tiene mucha vida el telefonillo, sí. A una amiga mía, cuando era preadolescente, una monja que tenía de profesora solía asustarle no sin cierta delectación con que el telefonillo lo cargaba el diablo: la monja sabría por qué en lugar de dialogar con Dios mediante el telefonillo de la ducha procuraba un cielo ardiente con Lucifer. Mi amiga se quedaba un tanto extrañada en su todavía alma de niña, y solo más tarde pudo aprender las otras ventajas del aparato para su cuerpo, que desde entonces emplea con frecuencia para liberarse de la realidad mediante la inmersión en el deseo. Los poderosos, doctora, también usan telefonillo para sacudirse el estupor. En la imagen de la izquierda, que para mi consuelo se publicó ayer en numerosos diarios, la canciller Merkel parece aplicarse a la oreja una especie de teléfono de los antiguos, que en apariencia se asemeja más bien a un telefonillo de ducha. Al otro lado debía de estar conversando con la afligida Europa, medio hundida por la crisis: “Canciller, sáquenos del hoyo, ¡no nos deje caer!”, debió de suplicarle la UE a la jefa del Gobierno germano. En ese último deseo nos jugamos nuestra realidad presente y futura, doctora.»

Los pies en la cabeza

Celo
Celo

La vida, que parece tan ordenada si se ve a primera vista desde la ventanilla de un avión, es un conjunto de retales malpegados con celofán. El mismo celo del que consumo infinitos rollos para pegar los forros de plástico de los libros del cole de mi hija. El mismo rollo que hacían nuestros padres cuando éramos nosotros los críos (aunque tiene un punto de rito entrañable, ¿verdad?). Los críos que ayer vivíamos en pisos de barrio diminutos, y que hoy seguimos viviendo en pisos diminutos, con una diferencia: unas gigantescas hipotecas que lastran nuestro país (la deuda privada equivale, según algunas fuentes, al 250 del PIB nacional). Hipotecas por las nubes y precio de los hogares por los suelos. Los suelos por los que los unos animales que se presumen racionales volvieron a arrastrar ayer, martes y 13, al toro de la Vega (es una tradición, se defienden; también la ablación del clítoris es otra tradición en algunas latitudes, por ejemplo; una barbaridad es una barbaridad). El celo con su superficie pegajosa que la vida va enredando entre los dedos, sin que haya manera de librarse de él. La vida que mi hija aprenderá en el patio del cole y en los libros de texto que todavía no le he terminado de forrar.