No gano para detergente

Vociferando
Vociferando

En ocasiones llego a casa con la ropa perdida después de la jornada laboral. Y no es por mi trabajo, que está en una impoluta oficina y no en un taller mecánico lleno de grasa. No. Lo que ocurre es que a veces, cuando salgo tarde, abordo un taxi, y hay veces que en las radios que suelen llevar sintonizadas en estos vehículos salen algunas gentes vociferantes que no paran de proferir toda clase de insultos, calumnias e injurias, generalmente siempre contra el mismo. Y claro, ahí contemplo con impotencia que la ropa se me empieza a cubrir con escupitajos y otras suciedades, y al final de la carrera dan ganas de sacar el paraguas para protegerse, aunque quede raro y pueda suponerle una multa al taxista. Y es que por supuesto que se puede criticar, pero, ¿no lo podrían hacer sin convertir sus bocas en órganos excretores? Sobre cuestiones similares reflexionaba este viernes Gregorio Peces-Barba en un interesante artículo al que no creo que le hagan caso esas voces de esas radios, que por cierto habrán ido a caros colegios de pago donde -es un suponer- les deberían haber enseñado algo de educación y respeto al prójimo, dentro de la discrepancia. No gano para detergente.

Los soles cuadrados

Girasoles
Girasoles

Cuando tienes un niñ@, la vida cotidiana se te llena de sorpresas de colores. Camino de la oficina, en el metro, al meter la mano en los bolsillos del abrigo te aparece un cochecito, o de la cartera brinca ese muñeco que tanto le gusta a la niña y que te ha confiado tras dejarla en el cole. En plena sesuda reunión de trabajo descubres los garabatos locos con que alegró tu aburrido bloc de notas; en otra hoja quizá haya escrito con tiernos palotes las letras de su nombre. Y, entre tanta gravedad cotidiana, ante tantas noticias tan sombrías, no puedes por menos que sonreír al acordarte de sus ocurrencias y de sus descubrimientos; de que hace poco le diera por pintar soles cuadrados por todos lados, aunque alguien le precisara, como si ella no lo supiera de sobra, que el astro rey es redondo. «Pero es que yo tengo que usar mi imaginación, papi», zanjó resuelta. Los soles cuadrados de su pequeña existencia que alumbran todo mi universo; no en vano mi niña se llama Estrella.

Solidaridad con Haití

Haití
Haití

El refranero español es certero cuando describe la desgracia que parece cebarse siempre con los mismos: «A perro flaco todo se le vuelven pulgas». Acaba de pasar en forma de terremoto en Haití, una de las naciones más pobres de la Tierra, con una convulsa historia, causando un número incalculable de muertos (se habla de que pueden ser cien mil) y tres millones de damnificados. En suma (mejor habría que escribir «en resta»), una tragedia gigantesca para un país de diez millones de habitantes y ya de por sí paupérrimo (el 70% de su población vive en la pobreza). Las imágenes son dantescas. Las instancias internacionales, entre ellas el Gobierno español, se pusieron en marcha para paliar la catástrofe nada más conocerse el seísmo, y las oenegés activaron inmediatamente sus mecanismos de cooperación. Son muchas las entidades que han abierto cuentas para recoger fondos; por ejemplo, Solidaridad Internacional, una ONG que contaba con varios proyectos en el país. Cada uno de nosotr@s puede poner su granito de arena para enmendar el refrán que abría este artículo.