Rock & Rot

Ariel Rot
Ariel Rot

Vino a España hace muchísimos años, desde el otro lado del charco, desde su Argentina natal, para quedarse -para nuestra fortuna- entre nosotros, en el Foro, trayendo con él su don más preciado: su música. El músico Ariel Rot ha sacado nuevo disco, Solo Rot, un latigazo de alto voltaje de rock and roll (con otros palos que también le gustan a su autor) que libera el cuerpo del oyente de los últimos fríos de este largo y prolongado invierno que ha penetrado hasta la primavera. Rot se arma de una navaja barbera bien afilada y construye un disco guitarrero (no puede ser de otra manera), con muchos toques stonianos y unas inspiradas letras. En el caso del talentoso Ariel la genética funciona: su hermana, la actriz Cecilia Roth, su madre, la también música Dina Rot (intérprete por cierto de canciones de nuestra tradición judía sefardita), y él mismo, un prodigio de músico cuyo arte ha traspasado generaciones, desde los adolescentes que tarareábamos los clásicos éxitos de Tequila (recientemente recuperados gracias a la colaboración entre Ariel y su compañero Alejo Stivel), a los ya no tan adolescentes que nos entusiasmamos con Los Rodríguez o le descubrimos a él como un extraordinario solista en sus discos en solitario. Gracias, Ariel, tú eres rock & rot.

Primavera reventona

Claveles
Claveles

Por fin llegó la primavera con fuerza a Madrid y al resto del país, expulsando el frío y la grisura que reinó durante el largo y prolongado invierno de este año. La nueva estación ha entrado con mucha energía; más bien, ha reventado, como un clavel, llenando todos los rincones de luz, desparramando sus esencias por todas partes. Las ropas de invierno que solían cubrirnos se han retirado con rapidez a sus cuarteles, han corrido presurosas a refugiarse en los cajones tras caer de nuestros cuerpos como capas de cebolla. Los estantes de los mercados se van copando con los nuevos frutos de esta estación, las frutas y verduras que trae el buen tiempo y que alegran también los fogones con fragantes sabores. Han empezado los meses de intensa luz, para bañarnos por dentro y por fuera, aunque algunos cuerpos puedan padecer algo de astenia primaveral mientras se acomodan a la nueva situación. Los cambios siempre cuestan. Nos hacía falta el calor.

Felices, libres, iguales

Niño
Niño

Mi hija Estrella y sus compañer@s entran a clase entre un torrente de gritos y risas. Son niños y niñas de corta edad, y el color de su piel y sus apellidos no les importan lo más mínimo: somos los mayores los que creamos los prejuicios. Es una imagen en un colegio público de un barrio de Madrid, claro, porque en los centros concertados (sufragados también con fondos públicos, ojo) y privados estas estampas multiculturales, como se dice desde hace un tiempo, son más inéditas. Mi deseo como padre, como el de cualquiera de los que acompañamos a nuestros niños al cole a esa hora de la mañana, es que crezcan felices, libres e iguales. Pero hace falta mucha inversión pública, y mucha más voluntad política (y desde luego al menos en la Comunidad de Madrid no se ve en demasía), para que la escuela pública pueda integrar con eficacia a todos estos pequeños cuyas familias han llegado a España en los últimos años, al modo en que ha venido funcionando el sistema educativo público de nuestra vecina Francia (vecina, ¡pero a años luz en tantas cosas!). Ellos y ellas, los de origen oriundo y los que tienen su procedencia allende de nuestras fronteras, tan españoles los unos como los otros, representan el futuro de esta piel de toro, mestiza para siempre. Y ninguno ha venido al mundo ni con un crucifijo, ni con un velo, ni con una kipá debajo del brazo, sino con un ansia infinita de crecer, reírse y aprender.