Querida i griega

I griega
I griega

Cuentan los periódicos que la nueva Ortografía de la Real Academia Española pretende que la penúltima y entrañable letra del alfabeto que aprendimos en nuestra infancia pase a llamarse “ye” en lugar de “i griega”. Si esto es así, yo no sé si me voy a acostumbrar. Son muchos años con ella como para llamarla ahora de otra forma. La i griega de ya, de yacer, de yacimiento, de yanqui, de yantar, de tantos nombres asiáticos, de tantas palabras latinoamericanas de exóticas resonancias, de yegua, de yelmo, de yema, de yerto, de yesca, de yeso, de ¡yeti!, de yodo, de yoga, de yugo, de yugular, de yunta, de yo… La i griega está en la identidad de nuestro idioma. Lo que más me gusta de esta i es que liga conceptos, y en eso nos recuerda su procedencia griega, origen del mundo contemporáneo y de la democracia: igualdad y libertad. También democracia y derecho a la información: no existe una sin la otra, y es justo lo que Marruecos está impidiendo a toda costa con la revuelta saharaui y con su bloqueo informativo.