Cuando voto

Papeletas 20-N
Papeletas 20-N

Cuando voto siempre pienso en las generaciones de españoles y españolas que se vieron privadas de este derecho. En los millones de españoles que durante cuarenta años de cerrojo franquista no pudieron expresarse en libertad para elegir a su gobierno. En los millones de represaliados y exiliados por el régimen. En los millones de personas que no tan lejos de esta piel de toro, a pocos cientos de kilómetros, no lo pueden todavía ejercer en libertad. Pienso en que la fuerza de los votos ha permitido impulsar proyectos colectivos en un país tan poco amigo de lo colectivo como es España: establecer la educación pública y gratuita, crear pensiones dignas para los trabajadores, becar a millones de estudiantes para que pudieran acceder a la educación en igualdad de condiciones, dotarnos de uno de los mejores sistemas de sanidad pública del mundo, desarrollar nuestras infraestructuras, ampliar ayudas para proteger a los desamparados, afianzar nuestra joven democracia. Cuando voté esta mañana en el comedor del colegio público al que asiste mi hija pensé en ella, en las conversaciones que una niña tan espabilada e inteligente (herencia de su madre y sus abuelas, sin duda) mantendrá en esta estancia, entre bocado y bocado, con sus amigos y amigas del cole, nacidos dentro y fuera de este país, las futuras generaciones de españoles y españolas. Cuando voté esta mañana no pude evitar emocionarme pensando en mi madre que se fue hace un año, y voté con más fuerza y orgullo que nunca, por ella, socialista de corazón, y por mí, por las siglas en las que he creído desde que era adolescente, sintiendo que su mano se posaba sobre la mía, por las siglas del Partido Socialista.