¡Inmersión!

Yellow submarine
Yellow Submarine

No es de extrañar que en la patria de uno de los inventores del submarino, Isaac Peral, haya tantas cosas que no se vean a simple vista. De ellas sólo se advierte una pequeña parte, como ocurre con los icebergs, porque el resto está sumergido. Pasa con la economía, con un porcentaje muy significativo del PIB bajo el agua. Y ocurre también con otros temas, como con la inmigración. La derecha española, siempre presta a mover cualquier espantajo con tal de arañar votos, insinúa más mano dura contra la inmigración, al calor de lo ocurrido en algunos municipios, en donde se niegan a empadronar a inmigrantes irregulares ignorando la normativa legal que obliga a inscribir a todos los residentes, con independencia de su situación legal. Qué desfachatez. A estas buenas gentes de ley y orden no les importa tener extranjeros que cuiden de los niños, atiendan a sus mayores y se encarguen de sus tareas domésticas; ahora, luego, a efectos de derechos, que no se les vea mucho, que vivan sumergidos. Olvidan que todos vivimos en el mismo submarino amarillo, que todos formamos parte de esta piel de toro de España que se ha coloreado en mil tonos durante los últimos años.

Día del Señor

Mantis religiosa
Mantis religiosa

Como hoy es el día del Señor y Éste debe hallarse ahí arriba con todas las terminales bien abiertas, muy pendiente de las plegarias y ruegos que se vayan a producir aquí abajo, me tomo la libertad de interpelarle por el caso Munilla. He de precisarle que no formo parte de su grey, mas lo hago en su calidad de presidente honorífico (¿?) del Consejo de Administración de esa milenaria corporación. Así que, ¿conoce las palabras de su empleado? Se las recuerdo: «Existen males mayores que los que esos pobres de Haití están sufriendo estos días. También deberíamos llorar por nosotros, por nuestra pobre situación espiritual, por nuestra concepción materialista de vida» (Munilla dixit). Quizá no las oyera, dado que la confesión del obispo no se hizo en la cadena que Usted administra, pero cualquier asistente celestial se las puede buscar en Internet; seguro que están hasta en el Spotify. ¿Las comparte? Si la respuesta es negativa, ¿le pondrá algún correctivo? ¿Qué tal destinarle una temporada a Puerto Príncipe para ayudar, por ejemplo, a los bomberos españoles que están haciendo un heroico trabajo, propio de dioses?

No gano para detergente

Vociferando
Vociferando

En ocasiones llego a casa con la ropa perdida después de la jornada laboral. Y no es por mi trabajo, que está en una impoluta oficina y no en un taller mecánico lleno de grasa. No. Lo que ocurre es que a veces, cuando salgo tarde, abordo un taxi, y hay veces que en las radios que suelen llevar sintonizadas en estos vehículos salen algunas gentes vociferantes que no paran de proferir toda clase de insultos, calumnias e injurias, generalmente siempre contra el mismo. Y claro, ahí contemplo con impotencia que la ropa se me empieza a cubrir con escupitajos y otras suciedades, y al final de la carrera dan ganas de sacar el paraguas para protegerse, aunque quede raro y pueda suponerle una multa al taxista. Y es que por supuesto que se puede criticar, pero, ¿no lo podrían hacer sin convertir sus bocas en órganos excretores? Sobre cuestiones similares reflexionaba este viernes Gregorio Peces-Barba en un interesante artículo al que no creo que le hagan caso esas voces de esas radios, que por cierto habrán ido a caros colegios de pago donde -es un suponer- les deberían haber enseñado algo de educación y respeto al prójimo, dentro de la discrepancia. No gano para detergente.