Quince centímetros

Números
Números

Avanza la semana y va sembrando la actualidad de cifras. Un piso, 900 euros y un vehículo de 15 años es el patrimonio que declara el pobre Francisco Camps. Unos 20.000 fueron los manifestantes en Madrid contra la propuesta de retrasar la edad de jubilación de los 65 a los 67 años. 85 fueron los días de huelga de hambre antes de morir que mantuvo el preso político cubano Orlando Zapata. 13,6 son las horas que los españoles pasamos de media navegando en la red frente a las 13 que dedicamos a la semana a la televisión. 132 fueron los votos que sacaron adelante este miércoles en el Senado la nueva y necesaria Ley del Aborto. Más guarismos. París rindió homenaje a los supervivientes republicanos españoles de La Nueve, la primera unidad militar que el 24 de agosto de 1944 penetró en la ciudad para liberarla de los nazis. 0,50 miligramos de alcohol fue la tasa que dio el diputado popular Nacho Uriarte, ya ex vocal de la comisión de seguridad vial del Congreso. 17.000 euros se gastó en líneas eróticas un cura de Toledo, que se prostituía en Internet por 120 euros a la hora y se jactaba de tener un pene de 15 centímetros (la media española está en 14; aparte de meter presuntamente la mano en el cepillo, el pater era fanfarrón).

Enfermedades raras

Mariano Rajoy
Mariano Rajoy

«Estimado Mariano Rajoy: soy médico psiquiatra. Le escribo esta carta porque quería hacerle una pregunta: ¿qué extraño mal le aqueja? Soy convicto y confeso seguidor de su formación, aunque lo de serlo de usted es otra cosa, como ya explicaré más adelante. Ayer vi su actuación en el intenso debate económico del Congreso. He de confesarle que me defraudó usted, por no atreverse a presentar una moción de censura contra Zapatero, pergeñador de todos los males de este mundo y autor intelectual del asesinato de Kennedy (tengo sospechas fundadas que he corroborado con un reportaje que vi en la TDT). Lo que me descolocó fue su ocurrencia con su llamada a la sedición a los diputados socialistas contra su líder. Creo que fue usted imprudente, porque ya sabe que muchos de los seguidores del PP no comulgamos precisamente con usted, y de hecho por lo bajini solemos comentar lo bien que nos iría sin la compañía de usted. Y como especialista que soy, le pregunto: tras ver lo de ayer, ¿no estará usted proyectando sobre los otros sus propios temores y terrores nocturnos de acabar apuñalado por los suyos? Supongo que en Génova tienen un capellán para tratarse las enfermedades del espíritu, pero modestamente me ofrezco por si puedo pasar a formar parte de su plantilla, para atender estos otros males de la mente. En fin, no soy precisamente fan de usted, pero la pela es la pela. Le mando mi CV y quedo a la espera de sus noticias.»

Carta al monseñor

Rouco Varela
Rouco Varela

«Estimado (¿?) monseñor. Escucho sin devoción sus últimas declaraciones acerca de su honda preocupación sobre el futuro de las pensiones y de las prestaciones por desempleo, y me pregunto si se ha convertido usted a la fe socialdemócrata. Y es que no recuerdo que la Iglesia fuera la impulsora de los derechos sociales que nos asisten en esta democracia. Es más, pensaba yo, fíjese en mi inmenso error, que eran conquistas que propulsaron sus -sin duda- bienamados gobiernos socialistas, pero es que tengo el cerebro horadado por la propaganda gubernamental cual queso emmental. Está claro que vivo desnortado y sin unas gafas tan potentes como las suyas para ver entre las tinieblas; ¿puede recomendarme a su oculista ante mis problemas de visión? Habla también de que en la sociedad «urge una conversión política y jurídica», pero no acaba de precisarlo. ¿Se refiere a una conversión al marianismo? ¡Ay, pillín, pillín, que se le ve el plumero! Me despido ya, como hice en una carta anterior: ni suyo, ni afectísimo.»