Año del Tigre

Año del Tigre
Año del Tigre

Necesitados como estamos de celebrar lo que sea en este triste y crudo invierno de 2010, cualquier excusa es buena para elevar el ánimo y la temperatura de los cuerpos, o al menos para intentarlo. Ya sean los premios Goya, el Carnaval o el Año Nuevo chino (農曆新年), el cuerpo pide animación entre tanta grisura, ante tanto cielo plomizo de un invierno que ha vuelto a ser como los de antes, un horizonte que no termina de aclararse y una actualidad desalentadora. Ya falta menos para la primavera, para el consuelo del calor y el color que nos saque de la nevera y nos sacuda el alma. Y, mientras tanto, podemos consolarnos con los augurios del recién comenzado Año del Tigre, un periodo –según los conocedores del mundo zodiacal chino- que será propicio para la valentía, la fortaleza, los nuevos retos, el movimiento, el cambio, la novedad y la curiosidad. Un signo optimista, vaya, que es lo que hace falta ante tanta falta de luz: que sus rugidos espanten las incertidumbres del triste panorama cotidiano y -entre la jungla- despejen el camino hacia un futuro mejor.

Tarde de Carnaval

Piratas
Piratas

Mi niña Estrella, transformada en una feroz pirata, libra un duelo contra su amigo David, convertido en spiderman armado con tridente. ¡Qué mala pata!: su espada se le parte en el fragor de la desternillante lucha. Más tarde se echan a correr, en una carrera interminable en compañía de la bailarina Irene y de la mosquetera Inés, y acaban rodando por el suelo en un mar de risas. En el gimnasio que alberga la fiesta infantil hay música y mesas con bocadillos, palomitas, pasteles, bebida, patatas fritas. Uno de los camareros, ataviado al modo pirata y como recién salido de La isla del tesoro, sirve refrescos en vez de ron y le pregunta con un gran vozarrón a Estrella: ¿Eres del mismo barco que yo? Ante la curiosidad del pirata, la niña, ahora en compañía del demonio Gonzalo, de la tigresa Martina y del payasete Gabriel, se parapeta con una tierna vergüenza detrás de una montaña de ganchitos. Y sigue la diversión. Así fue la celebración del Carnaval en el colegio de mi hija. Una celebración más en esa infancia que es patria de la libertad, de la alegría, de los sueños y de la imaginación, con o sin disfraz. Mucha excitación para un gran día que terminó con Estrella rendida en la cama, soñando sin duda con más aventuras, surcando los siete mares.

Damnatio memoriae

Marichalar
Marichalar

Jaime de Marichalar, ahora ex duque de Lugo, no tiene quien le quiera. Una vez que se formalizó oficialmente su divorcio de la infanta Elena el pasado 21 de enero, su figura acaba de ser excluida del Museo de Cera de Madrid, su foto borrada de la imagen oficial de la Familia Real y su biografía eliminada de la web de La Zarzuela. Evoca este procedimiento, aunque las circunstacias sean distintas, al que seguía la antigua Roma cuando quería eliminar el recuerdo de algún gobernante considerado no grato tras su muerte: la damnatio memoriae (o condena de la memoria), que consistía en borrar las alusiones a su persona en monumentos, inscripciones públicas e imágenes. Aunque a veces no es tan fácil eliminar el pasado: la dictadura que desgraciadamente gobernó este país durante cuarenta años dejó adheridos sus símbolos con una pegajosa saliva fascista a las calles y a los edificios oficiales, en forma de feos aguiluchos que quedaron agarrados a numerosas fachadas, y que el avance de la democracia y la piqueta han ido, afortunadamente, arrumbando.