Conexiones inalámbricas

Eslabones
Eslabones

Los cables tienen un destino incierto en la era digital: les aguarda su próxima desaparición inminente en aras de las redes inalámbricas, las impronunciables siglas del wifi que lo copan todo. Todos los aparatos que nos rodean estarán conectados en el futuro sin cable alguno, como por arte de magia. Aunque tampoco es tanta la modernidad: a lo largo de nuestra existencia estamos rodeados de conexiones inalámbricas -de lazos invisibles, en suma- a las personas, a los lugares, a las cosas. Como las reses que tienen querencia por un sitio concreto para abrevar, para reposar, para aparearse, para dormir, mientras miran por la noche al firmamento, con el que también tenemos eslabones invisibles, así somos también los humanos.

Máscaras y emoticonos

Máscara veneciana
Máscara veneciana

La vida se está simplificando a ritmo de emoticonos, esos dibujitos que casi todos ponemos en nuestros mensajes informáticos para ilustrar nuestro estado de ánimo, y que nos ahorran escribir un montón de palabras para decir si estamos bien, mal o regular. Al paso que van la burra de la economía semántica, por un lado, y los malos modales, por otro, ¿acabaremos, Faktuna, luciendo emoticonos sobre nuestros rostros, al modo de máscaras venecianas? ¿Tendremos un fondo de armario de máscaras-emoticonos para ponernos antes de salir a la calle, y evitar así dirigir la palabra y advertir de paso de nuestro estado a nuestros semejantes? ¿Se atreverán los más osados a lucir, en lugar de emoticonos, ideogramas chinos sobre sus rostros? Preguntas sin respuesta que el tiempo resolverá. 😉

Versos frente a iniquidad

García Lorca
García Lorca

¿Dónde está Lorca? Sus versos y su obra, en la memoria de todos. ¿Sus restos? En alguna zanja que sus asesinos se cuidaron mucho de esconder.  Federico García Lorca, cuya muerte es perenne símbolo de la inocencia frente a la despiadada iniquidad fascista, no está nunca solo; sus poemas corren en boca de todos, sus libros nos dan calor siempre. Los autores de su crimen, y los responsables máximos de su horrendo asesinato, yacen posiblemente rodeados de mármol y oropel, pero a su alrededor sólo hay un pavoroso silencio gélido: el que les acompañará durante toda la eternidad.