@grimensores

Arroba
Arroba

Las nuevas tecnologías van parcelando nuestra existencia y creando nuevas realidades, cual agrimensores. La arroba, de ser una medida de capacidad agraria tan querida para nuestros abuelos (una arroba de trigo, dos arrobas de alfalfa), se ha convertido para sus nietos en un símbolo aséptico y asexuado, que se usa para direcciones de correo electrónico y otras aplicaciones informáticas, y para hacer de ella uso en expresiones políticamente correctas (l@s ciudadan@s). Una arroba equivalía a algo más de once kilos de peso, aunque admitía variaciones según los antiguos reinos que integraban esta milenaria piel de toro. Ahora ha perdido esos ecos del campo, se ha desprovisto de toda esa masa y navega liviana por la red, acompañando nuestras cuentas de correo, nuestras confidencias, confesiones y complicidades. Antes las arrobas era una realidad en los campos de Castilla, entre mares de cebada; ahora surcan la mar océana virtual.

Enfermedades raras

Mariano Rajoy
Mariano Rajoy

«Estimado Mariano Rajoy: soy médico psiquiatra. Le escribo esta carta porque quería hacerle una pregunta: ¿qué extraño mal le aqueja? Soy convicto y confeso seguidor de su formación, aunque lo de serlo de usted es otra cosa, como ya explicaré más adelante. Ayer vi su actuación en el intenso debate económico del Congreso. He de confesarle que me defraudó usted, por no atreverse a presentar una moción de censura contra Zapatero, pergeñador de todos los males de este mundo y autor intelectual del asesinato de Kennedy (tengo sospechas fundadas que he corroborado con un reportaje que vi en la TDT). Lo que me descolocó fue su ocurrencia con su llamada a la sedición a los diputados socialistas contra su líder. Creo que fue usted imprudente, porque ya sabe que muchos de los seguidores del PP no comulgamos precisamente con usted, y de hecho por lo bajini solemos comentar lo bien que nos iría sin la compañía de usted. Y como especialista que soy, le pregunto: tras ver lo de ayer, ¿no estará usted proyectando sobre los otros sus propios temores y terrores nocturnos de acabar apuñalado por los suyos? Supongo que en Génova tienen un capellán para tratarse las enfermedades del espíritu, pero modestamente me ofrezco por si puedo pasar a formar parte de su plantilla, para atender estos otros males de la mente. En fin, no soy precisamente fan de usted, pero la pela es la pela. Le mando mi CV y quedo a la espera de sus noticias.»

Oda a la minipimer

Lluelles y la minipimer
Gabriel Lluelles

Grandes inventos jalonan la pequeña historia de los ingenios en España: la fregona, el futbolín, el botijo, la guitarra, la navaja, el chupachups… Pero hay uno que todos tenemos cerca, seguro, y que acaba de cumplir los cincuenta años: la minipimer. Este pequeño electrodoméstico lo ideó allá por 1959 un diseñador industrial de Barcelona, Gabriel Lluelles, que compuso su nombre mezclando los términos mini (por el tamaño) y el acrónimo pimer (por la empresa en la que Lluelles prestaba sus servicios, Pequeñas Industrias Mecánico Eléctricas Reunidas). El éxito de este aparato le vino al sustituir las pesadas batidoras de vaso, que hasta entonces eran la especie dominante en la cocina, por este estilizado y versátil ingenio, que se podía colgar en la pared y se limpiaba muy fácilmente. El inmediato triunfo de la minipimer, convertida en el tercer brazo de las amas de casa  de la época (en aquel entonces no había muchos amos de casa, para qué negarlo), revolucionó las tareas del hogar y y desde entonces ha batido millones de pures, gazpachos, cremas, mayonesas, salmorejos y papillas, que han nutrido a otros tantos millones de seres humanos. ¡Qué invento tan rico!