¡Sigan al asesino!

Panama Jack
Panama Jack

«Sí, agente; lo que le digo. Era un tipo anodino, sin más; de unos setenta años; pelo blanco. Deambulaba ayer por los pasillos de la estación de metro de Legazpi, la mirada torva. Su comportamiento me hizo sospechar; siempre creo que todo el mundo es sospechoso de algo. Vencí mi miedo y pude mirar de reojo dentro de la pesada bolsa que portaba, cuando subí detrás de él en la escalera mecánica. Y ahí comprobé que yo estaba en lo cierto: la bolsa contenía un torso de un ingenio mecánico que identifiqué como el quemador de una caldera de gas, posiblemente destrozado a martillazos. No me cupo duda: este criminal había asesinado a su caldera, la había despedazado con saña y estaba repartiendo ahora los restos de su víctima por todo el metro de Madrid, para que no quedaran pruebas de su execrable crimen. Bueno, agente, tampoco es que me extrañe: la caldera de mi casa falló este crudo invierno más de una vez y mi mujer y yo también pensamos en asesinarla, aunque al final se impuso nuestro carácter, de natural compasivo, porque nuestra Saunier Duval es como si fuera de la familia. Pero lo del tipo este del metro… me inquietó, y por eso vine a la Comisaría a poner una denuncia. Una prueba de su, sin duda, naturaleza psicópata: la bolsa en la que portaba los restos mortales aún humeantes era de ¡Panamá Jack! ¿Dónde se ha visto algo semejante? ¡Por Dios, síganle la pista antes de que despedace a su siguiente víctima!»

Saber concentrado

Un Kindle
Un Kindle

El conocimiento tiende a concentrarse en estos tiempos contemporáneos. Pasamos de los estantes llenos de libros a los gadgets informáticos de hoy, que lo compendian todo en unos pocos centímetros cuadrados. Como las pastillas de caldo concentrado que al diluirse sueltan todos sus nutrientes, así está pasando también con el saber. El proceso comenzó con la irrupción de la informática en los hogares, en los años 80 del pasado siglo: de aquellos primeros ordenadores domésticos (recuerdo melancólico mi Sinclair ZX Spectrum, que era como una tableta de turrón), a los potentes portátiles que nos acompañan ahora y hacen de todo, excepto buñuelos de viento y croquetas de jamón. Del Commodore 64 al Kindle, el invento lector de Amazon del que estoy prendado y que ahora ve amenazada su supremacía en los fogones del libro electrónico por el iPad de Apple. El saber se condensa en estos aparatos, que al abrirse expanden su aroma por todo nuestro interior, como un tibio sopicaldo reconfortante.

Saludos en gallego

Castro de Baroña
Castro de Baroña

O saúdo hola escríbese en galego sen hache, como as ondas do mar que lamben as rías daquel canto atlántico nun ir e vir permanentes. Que caprichosa é a lingua galega para un castelanfalante. Un exemplo: cambia as cousas de xénero, alborotándoas quizais. Los árboles son as árbores; la miel, o mel; la sal, o sal. Así pois, ¡ola!, amigos e amigas de Lugo, de El Progreso -querid@s compañeir@s-, de Santiago, de A Coruña… Marchei hai anos pedindo que a vida vos fose grata; que o tempo non vos ensinase demasiado nin a dentadura, nin as ortodoncias. Espero que na maioría de casos fose así; noutros xa sei que a vida foi máis inxusta. Sígovos desexando o mellor, que a néboa non vos embace a alma, a pesar das dificultades cotiás, e que o sorriso aflore sempre no voso rostro; que a proa da vosa existencia siga surcando o mar co vento a favor. Unha aperta.