Dos mil años de mal humor

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Auto de Fe

Cuánta razón tienen los señores esos de negro (suelen ser señores) que parecen llevar dos mil años de mal humor: el aborto debe ser delito. Y me parece que se quedan cortos: a las mujeres que abortan, garrote vil y a la hoguera. Siempre hay tiempo de volver a esa estampa de la Plaza Mayor de Madrid tan bonita en siglos pretéritos, con sus autos de fe, sus capirotes y sus inquisidores. Aquí lo sagrado lo marcan ellos, faltaría más, que para eso tienen el monopolio de la verdad absoluta y de la única moral digna de tal nombre. Al resto, ni agua (bendita), aunque a estas alturas de la historia (estamos en el siglo XXI y en una sociedad laica, señores de negro) seamos mayoría (modestamente, creo, Faktuna) los que pensamos que las únicas leyes verdaderas son las que se dan los hombres y las mujeres -sin religiones que valgan- y que, sobre el asunto que abría este post, lo único sagrado es el cuerpo de la mujer y su sagrado derecho a decidir acerca de su maternidad, cuándo y cómo quiera, y amparada por las leyes.

Amós y Amos

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Amós Acero

Hay nombres con mucha fuerza cuyo uso se va perdiendo con el paso del tiempo, pero que perduran en la memoria. Ocurre, por ejemplo, con el resonante «Amós», que trae ecos bíblicos. Hubo un Amós que fue alcalde socialista de Vallecas, de cuando Vallecas era un pueblo de Madrid. Como otros republicanos, Amós Acero (1893-1941) tuvo la mala fortuna de que se cruzara en su camino la violencia fascista, que segó su vida. Hay otro Amos (éste sin acento) que se me viene a la memoria, israelí: se apellida Oz. Con ese apellido, como no puede ser de otra manera, es un mago de la creación literaria. Amos Oz, creador de varias novelas, es el autor de un libro maravilloso, Una historia de amor y oscuridad. Esta obra relata la historia de su familia y recoge muchos episodios de la intolerancia que ha perseguido a los judíos durante muchos siglos, pero entremezclados también con pasajes de esperanza: la que no pudo tener, desgraciadamente, su tocayo Acero.

¿Estamos solos?

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Nat. Geographic

Esta mañana vi en un quiosco de prensa la portada del último número de National Geographic, con un sugerente titular de apertura: «¿Estamos solos?». ¿Dónde, Faktuna? ¿En el universo? No es lógico pensar que seamos las únicas criaturas dotadas de inteligencia (aunque a veces parezca lo contrario) en este inabarcable caos estelar. ¿Y en la Tierra, estamos solos? Ese parece el sino de los terrícolas, por muchas redes sociales con las que nos ha dotado la modernidad. Pese a todos los facebooks y twitters del mundo, nacemos solos y morimos solos; tales son el Alfa y el Omega de nuestra existencia. ¿Hay alguien ahí fuera?