Análisis de una foto

Aznar
La foto de Aznar

«Hola de nuevo, agente. Soy el del otro día, me recordará; el que vino a denunciar a un supuesto asesino de calderas. Ahora vengo por otra cuestión, que también me ocurrió en el metro esta semana. Se la cuento: iba en el vagón, el pasado martes, leyendo, para gran reposo de mi alma, unos haikus que me ha recetado el médico de cabecera, medio adormilado por el traqueteo del convoy de la línea 3. Qué tranquilidad. Pero hete aquí que, al levantar la vista, me topé en la portada de El Mundo del señor que iba enfrente con esta foto de José María Aznar, un ser que, he de confesarlo, siempre me horripila. Ya no es que me estomague por el recuerdo de su etapa en el Gobierno y que me dé miedo por ese bigote rasurado que se me asemeja a una lija presta a desollar a quien no comulga con él, no. Lo que me asustó fue el gesto de sus manos en esa imagen: aparecen atrapando una bufanda o fular, pero como si quisieran echar luego esta prenda al cuello de tod@s los que afortunadamente no somos/pensamos como él, de aquellos -como el mismo decía años ha, revelando su avanzado concepto de la democracia- que ladraban su rencor por las esquinas por el mero hecho de no compartir su política. Y, lo que es la vida, el único que permanentemente exuda rencor es él. Dígame, agente, ¿debo presentar una denuncia si me siento amenazado por esas manos?»

¡Stop ablación!

Waris Dirie
Waris Dirie

Este sábado es una jornada contra la barbarie que sigue imperando en muchas partes del mundo, y que se ceba -como ocurre con tantas otras cosas- con la mujer. Es el Día Internacional contra la Ablación, la inhumana mutilación genital femenina que afecta a millones de niñas y mujeres en nuestro planeta, a estas alturas de la historia, vulnerando cruelmente sus derechos. Esta práctica se da en nada menos que 24 países africanos -cristianos o musulmanes, que en esto el dios de unos y otros desprotege por igual a las mujeres-, y ha traspasado las fronteras del continente: es un riesgo que corren niñas de inmigrantes africanos en Europa. Quienes la practican alegan razones culturales para enmascarar tamaña bestialidad. No hay tradiciones que valgan, ni supuestas culturas milenarias, cuando lo que está en juego y debe prevalecer son los derechos humanos de las mujeres, de mujeres como una de las principales activistas contra esta lacra, la célebre ex modelo somalí Waris Dirie, que gestiona una fundación ad hoc y que proclamó, con toda la razón del mundo, que «si la mutilación femenina fuera un problema masculino, todo se hubiese resuelto ya». ¡Stop ablación!

Otro modelo económico

Un molinillosaurio
Un molinillosaurio

«Como el meteorito que se supone que acabó con los dinosaurios hace miles de años, así fue el estallido en forma de crisis económica mundial que se llevó por delante a los grúasaurios allá por el 2009 de nuestra era. Anidaban los grúasaurios en las grandes ciudades y en las costas; se alimentaban de especulación inmobiliaria, devorando terreno a carrillos llenos; engullían créditos hipotecarios con gula, y excretaban luego unas feas heces que a veces terminaban  en la cárcel. Pero la crisis los barrió del mapa, sí. Su extinción dejó el horizonte limpio de su presencia, en una imagen chocante cuando durante décadas habían sido la especie hegemónica doquiera que un humano dirigiera la mirada por encima de los tejados. Fue el fin de la economía liderada por el grúasaurio, y sobre sus restos en descomposición se comenzó a erigir un nuevo modelo, se supone que destinado a durar por más tiempo, y de manera más eficaz para la salud de los humanos, más sostenible como se decía en aquel entonces: así empezó la era del molinillosaurio. Pero esta es otra historia.»