Cuento escatológico

Bocazas
Bocazas

«Buenas tardes, doctora, qué guapa está. Aquí Cleofás Cista, para servir a Dios y a usted. Vengo a verla porque tengo problemas con los gases. Expelo ventosidades a gran velocidad, pero siempre miro a izquierda y a derecha cuando estoy en lugares cerrados, en el Metro por ejemplo, porque suele quedarme la duda de si mis vecinos de vagón se habrán percatado de mi procacidad y me me da vergüenza que mis congéneres detecten mi carácter porcino. Y el caso es que luego acudo a comidas, tertulias y otros encuentros sociales en los que, ¡oiga!, excreto gran cantidad de basura por la boca, y me importa un comino lo que piensen de mí. Me crezco especialmente cuando estoy con mis cuñados, esa gentuza de izquierda con quienes mis hermanas tuvieron el error de contraer matrimonio; les dejo atónitos y como desencajados con mis comentarios de hombre recto y de bien, de español sin tacha y orgulloso de serlo, que es lo que no son esos desgraciados: el 11-M, un montaje del PSOE; el caso Gürtel, un invento de Rubalcaba; los inmigrantes, al mar; a los parados, que les den; los socialistas, unos ladrones; pagar impuestos, de tontos. Aquí el único que puede robar soy yo, que desfalco todo lo que puedo en mi empresilla y tengo contratada a una mucama sin papeles a la que le pago cuatro duros; que se joda, y si no, que se hubiera quedado en su país. ¿Me da alguna medicina, doctora? Sí, algunas pastillas para la tripa; bueno, lo he pensado mejor: para mí no; para mis cuñados, para que se les pase el estreñimiento.»

Bad day

Barack Obama
Barack Obama

Sí, es sin duda un mal día para la derecha neocon de Estados Unidos. La Cámara de Representantes dio luz verde en la madrugada de este domingo (por una estrecha mayoría: 219 votos a favor y 212 en contra) a la reforma del sistema sanitario norteamericano, lo que representa un paso clave (aunque no sea el último) para el logro de uno de los proyectos estrella de la Administración de Barack Obama, que pretende dotar de seguro médico a más de 30 millones de estadounidenses que en este momento se calcula que carecen de él y establecer en la primera potencia mundial un sistema similar -aunque con menos prestaciones- al de la cobertura médica universal de Europa occidental, una carencia realmente difícil de creer en una sociedad tan avanzada (al menos a ojos de muchos defensores del Estado del Bienestar en esta otra orilla del Atlántico). El Yes, we can (Sí, podemos) de la campaña obamiana se transforma así para los seguidores del presidente en Yes, we did (Sí, lo hicimos), alcanzando un objetivo que otros mandatarios estadounidenses no pudieron conseguir. Congratulations!

Mapa del tesoro

Una pirata
Una pirata

Me vino mi hija Estrella (+4), inspiradora de este cuaderno de notas de Faktuna, con un gran secreto: «Papi, este es tu mapa del tesoro». Mi mapa, porque confeccionó otras dos copias, una para su madre y otra para ella. Y en efecto, me hizo entrega de un pergamino (un folio enrollado) con un mapa dibujado con boli azul de arriba a abajo y los siguientes elementos en su composición: unas nubes, un barco pirata en el cielo, un sol de aspecto burlón, una isla con montañas, unas olas, un ser sin identificar («un señor»), una palmera. A la derecha de la palmera parten unas decenas de puntos -pasos- que llevan a un lugar señalado con una equis… que es donde se encuentra el tesoro, claro. Mi niña me precisó: «Papi, debajo de la palmera, en la playa, antes de ir a buscar el tesoro, nos tomaremos un cóctel» (el suyo sin alcohol, apostillo yo). Lo que no me indicó es cuál es el tesoro, pero creo que le da igual. Estrella tiene claro que lo importante en la vida es el misterio y las ganas de jugar, de aprender y de avanzar, sin pensar en lo que haya al final del camino.