Lógicas totalitarias

Orlando Zapata
Orlando Zapata

Se ha escrito y comentado mucho estos días acerca de la paradoja de que uno de los pistoleros de ETA detenidos el pasado domingo en Normandía (Francia), Beinat Aginagalde, fuera médico. Que una persona formada para salvaguardar la vida y la salud de los demás acabara asesinando a tiros al concejal socialista Isaías Carrasco o al empresario Inaxio Uria hace preguntarse acerca de las extrañas lógicas totalitarias que anidan en las mentes de estos sujetos, y de éste más en concreto, que un día cambió el fonendoscopio por la pistola. Ahora le espera la cárcel en lugar del hospital, la celda en vez de la consulta; ese es el destino de todos los terroristas que pretenden, vanamente, imponer a tiros su totalitarismo a una sociedad democrática en pleno siglo XXI. Hay más paradojas estos días, como la de un régimen, el cubano, surgido hace décadas al calor de un clamor revolucionario y transformado desde hace demasiado tiempo en una gerontocracia que condena a jóvenes disidentes como Orlando Zapata. La tímida mirada de Zapata, del que, tras su reciente muerte, apenas conocemos unas fotos, no parecía encubrir a ningún peligroso criminal -como dicen algunos-, sino simplemente a una humilde persona que alzó su voz para pedir libertad. El respeto a los derechos humanos y la defensa de la democracia son la mejor vacuna contra las lógicas totalitarias que acompañan como una amenaza al ser humano desde el principio de los tiempos.

Apagón analógico

Realidad digital
Realidad digital

«Doctor, doctor, estoy obsesionada con las zonas de sombra. Verá. Soy una alta ejecutiva en una empresa de nuevas tecnologías de la información, y estoy harta de estar permanentemente conectada a la realidad en la que vivo sumergida desde que comencé a trabajar en el sector. Odio las llamadas constantes, los mensajes permanentes, los artilugios sonando a todas horas; mi mente está siempre recibiendo señales. Necesito descansar. Por eso busco zonas de sombra, donde las ondas no lleguen; he diseñado incluso un GPS propio -¡si se enteraran en mi empresa!- para encontrarlas, y permanecer así desconectada, escuchando sólo el ruido de la calle. Yo, nacida y entregada a la causa digital, con una obsesión neoadolescente por exhibirme en todas las redes sociales virtuales, me estoy replegando hacia lo analógico. Y ahora que estaba en esa fase de vuelta atrás en el tiempo, resulta que se aproxima el apagón analógico y, doctor, creo que mi cuerpo se está difuminando; me temo que me desvaneceré y que sólo permanecerán visibles mis dedos, que al fin y al cabo son una realidad digital. ¿Puede hacer algo, doctor?»