Yo apoyo a Garzón

Sin duda, es feliz
Sin duda, es feliz

«Señor agente, buenas noches, aquí Cleofás Cista, listo para denunciar. Quiero denunciar a todos los que dicen que los fascistas estamos detrás de la persecución contra el juez ese de las gafas, el tal Garzón. No estamos detrás, oiga, ¡que no se enteran y por eso tengo que presentar una denuncia! Estamos DELANTE, adelante, a la cabeza de la manifestación, junto con los falangistas, franquistas, terroristas, contrabandistas y otros -istas, todos muy juerguistas moviendo las caderas y pasándolo en grande al ver a nuestro querido amigo y ex perseguidor sentado en el banquillo por aquellos a quienes solía perseguir. No lo pasaba tan bien desde hace muchos años, desde aquellos felices años con el caudillo, cuando éramos tan jóvenes. Nunca tuve remordimientos de conciencia por lo que hicimos durante cuarenta años; nunca tuve que pedir perdón, nunca tuve que dar explicaciones, porque eran otros los que me las daban a mí (aún recuerdo sus rostros desencajados), y ahora encima ocurre esto. ¡Mi felicidad es completa, y encima un 14 de abril, Día de la República, qué fecha tan linda para seguir meándonos de risa!»

Confusiones cotidianas

Confusión
Confusión

«Seguro, doctora, que a usted le ha pasado en alguna ocasión: llegar al torno del Metro e intentar franquearlo haciendo ademán de meter la llave de casa. El caso contrario es más raro: llegar a la puerta de casa e intentar abrirla con el cupón del abono transporte, pero puede darse, aunque a mí no me haya sucedido. Total, son confusiones que forman parte de nuestra vida cotidiana. A veces, en el quiosco, me he confundido y he pagado el periódico que leo desde hace años con el vale de comida que me entrega la empresa, en lugar de entregar el cupón correspondiente como suscriptor, y lo raro es que el quiosquero no me ha dicho nada. Bueno, al final estamos hablando de lo mismo: nutrientes, unos alimenticios, otros informativos. También me ha pasado darle un beso a mi jefe creyendo que es mi esposa, y estrechar la mano de mi esposa confudiéndola con mi jefe. A veces incluso me levanto por la mañana, me miro en el espejo y veo a un señor que dice ser yo, aunque yo hace años que no conozco ese careto. Menudo lío, doctora.»

Semprún, vacuna antifascista

Jorge Semprún
Jorge Semprún

Pudo ser una pesadilla, o un desvarío producido por un cierto estado febril, pero fue cierto. Ocurrió la otra tarde, junto al nuevo paseo ribereño del Manzanares, en la capital. Un grupo de adolescentes correteba entre unos montones de tierra de una de las dos márgenes del río, la que está todavía sin urbanizar, a la altura de las instalaciones de Matadero Madrid. Se aproximaron a la zona debajo de uno de los puentes que salvan el cauce, y de repente comenzaron a arrojar piedras contra unas tiendas de campaña que allí se encontraban, es de suponer que instaladas por personas sin techo, y afortunadamente vacías en ese momento. Incluso intentaron volcar un tendedero precario que sujetaba unas prendas de vestir junto al improvisado campamento. Tras un momento de incredulidad por el hecho de no dar crédito a lo que veían sus ojos, la gente que se encontraba en la otra margen del río comenzó a increparles, y los gamberros se dieron a la fuga. Antes de huir, uno de ellos se giró, desafiante, vestido con botas militares, hizo el saludo fascista y lanzó un ¡sieg heil!, de manera tan forzada que casi estuvo a punto de perder el equilibrio y estamparse contra el suelo. Increíble, pero cierto. No hay mejor vacuna contra la intolerancia fascista que trayectorias como las del escritor Jorge Semprún, que este mismo fin de semana asistió a la celebración del 65 aniversario de la liberación del campo de concentración nazi de Buchenwald. ¡Nunca más fascismo!