Viva el tren

AVE
AVE

El uso del avión se ha convertido en una práctica cada vez más incómoda en casi todo el mundo. Estancias interminables en aeropuertos interminables antes de poder embarcar; colas, despelote y chequeos para pasar por el arco detector (para esto, que venga ya el escáner corporal); mala educación -para qué negarlo- de mucho personal; retrasos injustificados que dan al traste con todas las planificaciones; conflictos laborales abusivos por parte de quienes tienen la sarten por el mango (controladores, pilotos…); espacio diminuto entre los asientos de pasajeros (cualquier día encontrarán más lugares para embutir gente: ¿qué tal la bodega de carga? ¿o el espacio entre los alerones?) … El ansia de volar que ha perseguido al ser humano desde Ícaro nos ha salido cara. El viaje aéreo se transforma con frecuencia en una pesadilla que deja el cuerpo magullado, y uno cada vez ama más el tren y el AVE, tan pacífico y grato en comparación con su hermano alado.

Vida sintética

El comecocos
El comecocos

Dicen estos días los papeles que los científicos han logrado crear vida artificial, en forma de una célula sintética elaborada a partir de una bacteria que causa infecciones en el tracto respiratorio humano. La han bautizado, aunque no haya habido por lo que se ve intervención divina, como Mycoplasma mycoides JCVI-syn1.0. No proviene de ninguna reproducción previa, aunque en sí misma tenga nombre de reproductor de DVD o Blu-ray, sino de una fría probeta. No se sabe qué será de mayor, pero se le augura un fulgurante porvenir. Quién sabe si de esta célula de momento poco humana podrán nacer en el futuro seres complejos, como jueces, bomberos o controladores aéreos. El alumbramiento de Mycoplasma mycoides JCVI-syn1.0 ha querido coincidir en estos días inciertos con el aniversario de otra célula informática, nacida en los 80, que nos animó muchos ratos de bar a los chavales de aquellos tiempos (no había entonces consolas de videojuegos, no): el comecocos o pacman en su nombre en inglés, que cumple treinta años. Era ésta una célula de comportamiento bastante similar al de cualquier ser humano: deambulaba como enloquecida por pasillos cerrados, no veía más allá de su nariz y ganaba puntos a base de comerse a los demás cuando era necesario. Qué nostalgia.

¡País!

¡Más empatía!
¡Más empatía!

«El caso es que tengo un dolorcillo aquí, atrás, en la espalda. Uf, míratelo, seguro que tienes algo malo; así empezó mi cuñada, y ya ves. Vaya, parece que al coche no le quiere entrar la marcha. Uf, claro, con este coche viejo; te veo comprando uno nuevo y, vaya, justo ahora que acaban las ayudas oficiales y sube el IVA, qué mala suerte. Estoy preocupada por mi empresa; la cosa va mal. Uf, qué mala pata, y con la edad que tienes; no te preocupes (que si necesitas algo ya sabes dónde no me tienes). Pues resulta que ando de baja; me han encontrado algo raro y estoy preocupado con las pruebas. Uf, ¿me lo dices o me lo cuentas?; yo acabo de tener un catarrazo que pa qué. Tengo un cabreo; mi hijo pequeño no estudia nada y no veo manera de motivarlo. Uf, carne de cañón; si yo ya te decía que ese chico es un vaguete. Espero que salgamos de la crisis cuanto antes. Uf, qué va. Mira Grecia. Vaya, parece que el avión atraviesa una turbulencia; qué nervios. Uf, nos matamos fijo. Padrenuestroqueestásenloscielos. Qué bien está remontando el equipo; creo que salvará la Liga. Uf, para nada. Estos mantas bajan a segunda, fijo. ¿Qué tal me queda el vestido? Uf, te hace un poco gorda, ¿no? Estoy segura: quiero tener un hijo. Uf, ¿a tu edad? Mira que ya estás talludita. Etcétera… ¿Por qué nos cuesta tanto, sencillamente, intentar comprender al que tenemos enfrente? Curiosa España, doctora, este país en el que tododios tiene un cenizo dentro, siempre en forma de última y fatalista palabra para decir, apostillar y quedar por encima, como el aceite (con algunas honrosas salvedades, de acuerdo; no hay regla sin excepción). Dígame, doctora, ¿dónde pueden recetar empatía («Identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro», DRAE) en dosis industriales?»