¿Qué fue de?

Krishna
Krishna

«Doctora, qué complicado es en estos días esféricos trabar una conversación cuando a uno no le gusta el fútbol. Menos mal que con usted, aquí en el diván, todo es distinto, y la simple visión de su sonrisa, la comprobación de su escucha solícita a mis paranoias y sus sabios consejos posteriores son todo un consuelo. Ayer, fíjese, parece ser que un bollo suizo con exceso de levadura estalló en plena cara de La Roja, y lo más curioso es la que se montó cuando acabó el partido: la proliferación de ese fenómeno tan español del que hemos hablado alguna vez: el cenizo yoyaísta (No, si yo ya decía que estos chavales a la hora de la verdad se vienen abajo; No, si yo ya sabía que España no pasa de la primera fase). Qué país, y ya le digo que a mí el fútbol me trae al pairo, pero, ¿por qué nos falta tanta empatía? En fin, doctora, que menos mal que usted me escucha; así que, cambiando de asunto, y como veo que a usted tampoco el gusta el balompié, aprovecho para plantearle un tema que ha atribulado mis sueños esta pasada noche: ¿qué fue de los hare krishna? ¿Se acuerda de ell@s? Esos jóvenes y jóvenas de melena lacia y largas vestiduras, que antes eran tan habituales en las calles del centro de esta capital, moviendo las caderas al ritmo de sus salmodias (Hare Krishna Hare Krishna / Krishna Krishna Hare Hare / Hare Rama Hare Rama / Rama Rama Hare Hare). Tod@s hemos tarareado ese mantra alguna vez cuando veíamos su show en Sol, o en Preciados, aun sospechando que era una secta rara. ¿Qué fue de ellos? ¿Ha tenido alguna vez en esta consulta a alguno, doctora?»

¡No hay peces!

Peces de colores
Peces de colores

Mi hija Estrella (+4), inspiradora de este cuaderno de notas, me confesó la otra mañana, camino del cole, su último descubrimiento. El pasado jueves estrenó, en la piscina a cuyas clases acude desde hace tiempo para soltarse en el agua, unas gafas de natación, para que el cloro no le enrojezca los ojitos. Y de repente lo tuvo todo claro. Al poder ver bien entre el agua con su nuevo aditamento, se llevó un chasco, que me reveló con una mezcla de asombro y desilusión que me produjo una tierna pesadumbre: «¿Sabes, papi? ¡En la piscina no hay peces!». Yo le tranquilicé -aunque tampoco parecía muy intranquila cuando me hizo esta revelación- y le recordé que con las gafas de su imaginación siempre podrá ver peces de colores en todos los lugares que quiera, por muy grises y turbias que sean las aguas. El poder de la imaginación que siempre acompaña a los niñ@s y que cuando nos hacemos mayores parecemos abandonar (sobre todo algunos); qué pena.

Contra la impunidad

¿Impunidad? No, gracias
No a la impunidad

Para poner voz a las voces que fueron segadas, para poner rostro a los rostros que fueron borrados durante la Guerra Civil y la dictadura franquista. Este es el espíritu que ha alentado a una decena de actores, actrices, autores y cineastas españoles a participar en el vídeo Contra la impunidad, realizado por la cineasta Azucena Rodríguez. Por el vídeo van desfilando Pedro Almodóvar, junto con los actores Maribel Verdú, Hugo Silva, María Galiana, Juan Diego Botto, José Manuel Seda, Pilar Bardem, Carmen Machi, Juan Diego, Paco León, Aitana Sánchez-Gijón y Javier Bardem, los escritores Almudena Grandes y Juan José Millás y el cantante Miguel Ríos, que dan voz a quince víctimas. De los miles casos de personas desaparecidas que reclaman unas 113.000 familias españolas, Almudena Grandes seleccionó a quince por criterios como «la fecha, las circunstancias» y que además hubiera habido «más de un asesinato» en la familia, según informa la agencia Efe. Se trata de «historias de gente que no está en los libros de texto, que han sido aplastadas por la historia y cuyos familiares no les han podido llorar públicamente», señala Emilio Silva, presidente de la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica. Cada testimonio se cierra con una pregunta: «¿Hasta cuándo?», que pronuncian los actores al final de sus monólogos juntos a otras frases como: «No tuve juicio, ni abogado, ni sentencia, mi familia me sigue buscando». «Ha sido necesario un vídeo así porque las historias de estas personas no están en los libros de texto, no se escuchan, no se sabe lo que han sufrido», agrega Silva, que confía en que el documental sirva, no sólo para «avergonzar» a «los jueces que han perseguido a un juez por intentar investigar unos crímenes reales», léase Baltasar Garzón, sino para que «hagan algo».