Almejas desconsoladas

Alberto Chicote
Alberto Chicote

Primero fue un susurro. Luego un murmullo, que dio paso a una indignación creciente. Situémonos: despensa del afamado restaurante El Bulli. Se aproxima el 1 de enero de 2012, momento a partir del cual el dueño de todo esto, el cocinero Ferran Adrià, anunció que cerraría dos años al público, para concentrarse en la creación. Es 31 de diciembre de 2011. El tiempo corre, los últimos clientes se marchan, y aún queda género en las neveras. Las verduras, las carnes, los pescados, el glutamato monosódico (¿o era Glutamato Ye-Yé?)… que aguardaban para triunfar y no acaban de ser llamados a los fogones están que trinan. Unas almejas no esconden su abatimiento: «Adrià prometió convertirnos en una espuma sideral que iba a ser hasta portada en el Restaurant Magazine y que entraríamos en The White House para acabar sorbidas por los carnosos labios del presidente Barack Obama. Y ahora, ¿qué? Qué destino más vulgar nos espera cuando éste cierre: acabar guisadas en una vulgar salsa verde y comidas por un patán en cualquier tabernucha; ¡qué desilusión!». En otros rincones de la despensa de El Bulli sigue la revuelta. «¿Sabéis lo que os digo?», responde airada una hermosa berenjena en sazón, «esto ya no tiene arreglo; ahora mismo hago las maletas y me las piro a Madrid, a conocer a un cocinero que puede estar a mi altura: un tal Alberto Chicote, al que no paran de premiar, y que es un mago con los cuchillos. Ya me estoy viendo exquisitamente laminada por sus expertas manos, frita en aceite de oliva y rociada de miel de caña, dispuesta a satisfacer la gula de algún tipo o tipa interesante, lo mismo me da, que en esto de la pasión una berenjena como yo no hace distinciones entre sexos. Y al Adrià, que le den. Almejas desconsoladas, ¿seguís ahí? ¿No os parece excitante ir a conocer a Alberto

Nunca más

Yasmin Levy
Yasmin Levy

Hoy es 27 de enero, Día de la Memoria del Holocausto y la Prevención de los Crímenes contra la Humanidad, fecha en la que, en 1945, se liberó el campo de exterminio de Auschwitz (Polonia). Un largo nombre oficial que tiene como objetivo recordar la memoria de las víctimas del genocidio nazi contra los judíos, como mejor vacuna para evitar que algo tan atroz se vuelva a producir: seis millones de asesinatos y el compendio del horror más pavoroso que haya podido producir el ser humano. Una fecha para no olvidar especialmente en esta España, la Sefarad de antaño, en la que tanta presencia tuvieron los judíos hasta su expulsión por un edicto de los Reyes Católicos de 31 de marzo de 1492. Una Sefarad cuya memoria llega hasta nuestros días mediante el esfuerzo que están desempeñando instituciones como Casa Sefarad, y cuyos ecos también nos traen, por ejemplo, las canciones judeoespañolas de una artista contemporánea, Yasmin Levy. Son motivos todos ellos para que este 27 de enero sea, de paso, una invitación a reflexionar sobre nuestro pasado. En este empeño nos pueden ayudar varios libros: Historia de una tragedia. La expulsión de los judíos de España, de Joseph Pérez (Editorial Crítica, 2004); Los judíos de España, de Elie Kedourie (Ed. Crítica, 2000), o Jewish questions. Responsa on sephardic life in the early modern period, de Matt Goldish (Princenton University Press, 2008), un reciente volumen que describe con todo detalle la vida cotidiana de los sefarditas, que mantuvieron viva la memoria de su tierra, la nuestra, que nunca debió dejar de serla.

Semilla de intolerancia

Stop racism
Stop racism

«No, si yo no soy racista, pero los extranjeros es que no pagan impuestos y se dedican a robar [la mayúscula mayoría de las personas que han venido de fuera cumplen sus obligaciones y en la actualidad hay dos millones de extranjeros cotizando a la Seguridad Social]. No, si yo no tengo prejucios contra nadie, pero prefiero que mis niños no vayan a un colegio público, que es que hay mucho inmigrante y me los retrasan [no parece casual que el mayor esfuerzo de escolarización de los niños de inmigrantes lo soporten los centros públicos, en beneficio de los concertados]. No, si no me quejo, pero es que los servicios públicos están colapsados con esta gente [los inmigrantes están aportando a las arcas públicas más de lo que reciben]. No tengo nada contra nadie, pero en el parque, niña, prefiero que no juegues con esa amiguita morena [«When a child is born into this world / It has no concept / Of the tone the skin is living in», Youssou N’Dour & Neneh Cherry]. Y es que la culpa de todo la tiene este maldito Gobierno, que no hace nada [la llegada de inmigrantes irregulares en embarcaciones a Canarias, por poner un ejemplo, ha descendido un 71% desde 2006]. Y además vienen a quitarnos el trabajo [los inmigrantes desempeñan muchas ocupaciones que aquí no se quieren hacer]. El caso es que mis abuelos y bisabuelos tuvieron que emigrar a Argentina, Suiza y Alemania; eso creo, pero no tengo mucha memoria. Lo que sí que tengo son unos sólidos principios morales que procuro inculcar a mis hijos.»