La parte oscura

Garzón
Garzón

Que un magistrado como Baltasar Garzón, distinguido por su lucha por los valores democráticos, acabe sentado en el banquillo e incluso apartado de su trabajo es algo que repugna a cualquier demócrata. Juzgado por una presunta falta en las formas, obviando el fondo del asunto: su intento de investigar la desaparición de más de cien mil compatriotas víctimas de la represión de la dictadura de Franco, muchos de los cuales siguen tirados en fosas anónimas junto a las cunetas. ¿Cómo es posible que los herederos del franquismo (Falange entre ellos), que son los promotores de estas acusaciones contra Garzón -jaleadas en una coincidencia nada casual por la derecha política y mediática-, tengan todavía semejante poder en esta España del siglo XXI? Parece extraerse una lección: que nadie ose remover el pasado siniestro de este país, saber la verdad sobre lo que ocurrió, porque los fantasmas del pasado pueden acabar de nuevo golpeándonos en la cabeza. Qué estupor. Qué triste y qué penoso sabernos de nuevo amenazados por la parte oscura de este país.

Chorizo y choris

Rico chorizo
Rico chorizo

El origen del chorizo se sitúa en el feliz matrimonio entre las tripas rellenas de carne curada de cerdo que se estilaban en esta piel de toro desde tiempos inmemoriales con el sabroso pimentón que llegó de América. Debían de correr los siglos XVI-XVII cuando se produjo aquel encuentro, según narra el estudioso de la gastronomía patria Néstor Luján en su célebre tratado Como piñones mondados. Cuento de cuentos de gastronomía (Barcelona: Círculo de Lectores, 1996). Es curioso, no obstante, que esta palabra que nos hace la boca agua se comenzara a aplicar a aquellos que practican el hurto y la rapiña. Parece ser, dice Luján y avala la Real Academia de la Lengua, que el término chorizo usado en este segundo caso proviene del caló «chori» («ladrón»), que se amplió en una sílaba por semejanza con el nombre del rico embutido, y por desconocimiento a su vez del lenguaje gitano. Choris y chorizos haylos bastante. Los chorizos son muy frecuentes en nuestra gastronomía para su empleo en crudo o guisados. Pululan también otros choris embutidos en caros trajes, y muy indigestos: sólo hay que sumergirse en alguna parte del sumario del caso Gürtel, la mayor red de corrupción de la historia democrática de España, para salir rojo de pimentón y de bochorno por la industria chacinera que sentó sus reales junto a la madrileña calle de Génova.

Ensalada de morera

Morera
Morera

«Verá, doctora. De pequeño criaba gusanos de seda en una caja de zapatos, un entretenimiento casi desaparecido ahora, en esta generación de niños atados a consolas audiovisuales. Creo que una vez también tuve una lagartija en una caja; decoré las paredes con recortes de libros (de paisajes que suponía que le podían agradar al bicho aquel, claro, para no traumatizarle). Pero lo de los gusanos era un pasatiempo curioso, mi favorito. La vida se desarrollaba apresurada  entre las cuatro paredes de esa caja, en un trasunto de la propia existencia: huevos, gusanos, capullos, mariposas… con mucha morera de por medio. Y ahora, tantos años después de la experiencia gusana, y talludito como estoy, me veo en mi piso, también entre cuatro paredes. Y a veces alzo la mirada al cielo, intentando interpelar al señor de los gusanos (o de los capullos, que abundan mucho; mariposas también las hay, pero menos): le hago alguna que otra pregunta a ese señor, pero no obtengo respuestas y sólo escucho el silencio. Así que, preso del aburrimiento, me voy a preparar una ensalada de morera para matar el tiempo: ¿alguien tiene algún aliño especial?»